Alberto Montt: el hombre de las narices largas

Cada vez que Alberto Montt visita Argentina siembra indicios para descubrir quién se esconde detrás del blog Dosis Diarias. Como si fuera un personaje de los que dibuja o tal vez un rompecabezas de todos ellos, para comprenderlo conviene empezar por mirar la totalidad de su obra y dejarse llevar por un juego que apunta al intelecto.

En 2011 presentó en la Feria del Libro ¿Quién es Montt? de Ediciones de la Flor y con la segunda publicación reforzó el vínculo con el público. Fue el protagonista de conferencias y espectáculos: su charla en el evento TED Joven Río de la Plata ganó la risa de un auditorio conformado por 1400 entusiastas sub 20.

En medio de tanto best seller espiritual, ¡Mecachendié! no promete felicidad ni brinda técnicas de autoayuda, suficiente motivo para prestarle atención.

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Alberto Montt es un ecuatoriano que adoptó Chile o un chileno de Ecuador. Así como es difícil determinar su origen por su extraño acento neutro, también su estilo es una mezcla de aquello que absorbió cuando era chico y luego desarrolló hasta transformarse en una marca personal.

Nacido en Quito el 22 de diciembre de 1972, se crió en Tandapi un pueblo cercano a Santo Domingo de los Colorados. Lo anotaron en la embajada de Chile, pero  hasta los veintisiete vivió en Ecuador. La literatura recreativa llegó tarde a su vida, recién a los 21 leyó su primera novela en un viaje a Alemania y dijo “guau, ¿ésto es lo que todo el mundo lee?” Era Cien Años de Soledad. Antes de eso le fascinaban las enciclopedias de biología y los diccionarios. Su infancia transcurrió en una zona de campo, sin televisión, por lo que su contacto con el exterior se basó en las revistas que le compraba su padre.  No es de extrañar que se iniciara en el dibujo copiando todo lo que caía en sus manos. Sus referentes eran las tiras Condorito de Pepo y Mafalda de Quino, aunque todavía no entendiera las reflexiones adultas de la nena politizada.

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Aeropuerto de Ezeiza. Es lunes y la bruma casi londinense que se extiende por el suelo porteño amenaza la programación de los vuelos.  Mientras Alberto espera el que lo devolverá a tierras chilenas, recuerda la época del colegio en la que por lo general los alumnos cambian los crayones por los libros escolares. “Siempre dibujaba. Los profesores no me decían nada porque tenía buenas notas” Montt versión adolescente estaba del bando de los victimarios. “Desde el lenguaje, era más del grupo de los golpeadores que de los golpeados.”

Al momento de definir la carrera, sus intereses iban desde la Biología Marina hasta la Abogacía. El legado de su familia materna tuvo peso para que estudiara Artes Plásticas. “Fue un fracaso, a los tres años me salí y yo quería dedicarme a nada.” Pero su madre lo inscribió en Diseño Gráfico, tenía veinte años y no estaba seguro de lo que quería, así que no se opuso. “Era fácil y de alguna u otra forma entendí que podía aplicar lo que a mí me gustaba, lo que yo no sabía es que se podía vivir de dibujar.”

Cuando terminó, ya tenía experiencia en una oficina de diseño. “Quito es un pueblo, si tienes contactos, y conoces al primo del amigo del hermano de tu cuñada, siempre trabajas.”

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Presentó su primer emprendimiento en una compañía de Ecuador: remeras pintadas destinadas a turistas, que su dueña no aceptó. Según cuenta, ese rechazo fue un momento fundacional, ella le regaló un libro del dibujante norteamericano Gary Larson por encontrarles un estilo similar y le voló la tapa de los sesos.

La manera de Larson de transmitir una idea en una viñeta lo alentó a pensar en el camino de la ilustración. Trabajó en el ambiente del diseño hasta que se cansó de dibujar para otros y comenzó a hacerlo por puro gusto, que es como mejor salen las cosas.

 El ritual del Libro

 Durante la última Feria del Libro, Malena Pichot fue la encargada de presentarlo y escribir el prólogo del libro en donde cuenta cómo se conocieron en su show de stand up, y la sorpresa que le causó descubrir ese artista “con referencias eruditas que desafían y con referencias tan actuales que pareciera que hubiera estado cenando con nuestro grupo de amigos la noche anterior.”

Esa misma sensación es la que causa en sus lectores, los miles que se identifican con su humor y siguen las Dosis Diarias que ya ha anunciado su final con viñetas en cuenta regresiva. En su blog y en distintos diarios y revistas de Latinoamérica hace juegos de palabras, interpreta dichos en forma literal y vuelca sus observaciones cínicas sobre la vida cotidiana. No le preocupa meterse con los temas más sagrados, como la sexualidad de Batman o la Iglesia, a la que critica con un ateísmo desenfrenado.

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Ante la pregunta clásica ¿Cómo te definís? Él piensa un instante y contesta.

-Es difícil etiquetarse. No soy un gran ilustrador. Soy correcto, logro transmitir una idea de la manera más cercana a la que yo quiero transmitir. Lo que ven en el dibujo es la suma de las incapacidades que tengo. No sé dibujar cuellos, no los dibujo, la cabeza va directamente al tronco. El color es el resultado de la búsqueda del proceso más fácil para conseguir un efecto rápido. Tampoco me salen bien los pies“.

Por involucrarse con la religión a través de los personajes de Dios y el Diablo, comenzó a recibir reclamos de ofendidos creyentes que llegaban para cuestionarlo.

-Creo que hay otra gente que hace humor como yo, sobre religión. Capaz no de manera tan sistemática y sostenida. Sería lo máximo que algún obispo me dijera que me quiere convertir, pero la Iglesia es una multinacional, no da pelota.

Explica que no busca los límites a propósito, sólo habla de los temas que le interesan, y se burla de los insultos, no todos entienden el sarcasmo. “En Caracas utilizan mis viñetas para llamar a curso de catequesis, me da miedo porque esa  gente es incapaz de analizar una metáfora”. Otros entienden, se sienten reflejados y se dedican al trolling, que es el deporte de los masoquistas.

Los trolls son comentaristas frecuentes que buscan llamar la atención y prefieren generar odio antes que indiferencia. Es posible encontrarlos en los medios online. Atacaban el blog de Montt hasta que le puso fin con una solución práctica: mantuvo sus dibujos de narices largas y aparente antagonismo, y eliminó los comentarios.

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 Se necesita de ciertos conocimientos o al menos contar con la edad suficiente para saber de que van algunos chistes. Tomarse el  trabajo de buscar en Google, o recortar una página para leer el mensaje escondido en ella.

-Cuando yo leía humor gráfico, los que más me gustaban eran los que yo recordaba muchos años después. También tiene un juego eso de que no todos sean entendibles enseguida, a mi me pasaba con chistes de Gary Larson. Y cuando lo entendía me sentía parte de un selecto grupo de gente, que eran en realidad muchos babosos.

Sí, dice baboso con total impunidad, como si fuera un personaje de los Simpsons doblado al español neutro.

Dealer de Humor

 Se mudó a los veintisiete a Santiago de Chile, buscando un cambio que terminó por odiar. La comodidad de trabajar en Quito lo aburría y le gustó la idea de empezar de cero desde el anonimato.  Fue un shock descubrir que no era nadie en esa ciudad pero a su vez, encontró un mercado que en Ecuador no existía, se dedicó a ilustrar libros infantiles y así consiguió  renombre.

Su sueño era dedicarse al humor gráfico, pero se sentía impotente cuando pensaba en hacer las historietas clásicas con desarrollo y remate. Hasta que un día olvidó sus pretensiones y dibujó, así llegaron las Dosis Diarias, las primeras publicadas el 20 de noviembre de 2006.

-Abrí un blog, lo hice para mí. Se lo presenté a tres amigos, estos le contaron a otros y a otros. Fue alucinante ver como las redes sociales terminaron siendo una cadena de distribución. No deja de sorprenderme que entren 50 mil personas por día. El blog que era un cajoncito de arena se convirtió en un megáfono.

A su vez, el efecto se multiplicó dentro y fuera de Chile. De esa forma, pudo imprimir el primer libro autogestionado en corto tiempo, algo que hubiera costado años de golpear puertas en las editoriales.

-Las redes sociales son esa herramienta  que todos vaticinaban, ese espacio común, ese funcionar como una sola cabeza. Y eso está buenísimo. A Twitter lo uso para enterarme, comunicar, divertirme y también como libreta de notas. Muchas de las ideas que tengo ahí, terminan en viñetas. Fue importante saltar la cadena tradicional de producción de contenidos, el público se convirtió en editor. No uso Facebook, pero de Twitter me gusta la inmediatez, lo efímero del comentario y la viralización.

Hoy sus libros se pueden encontrar en Chile, Colombia, Venezuela, España y México, entre otros países que celebran su llegada. También participa con sus viñetas en la revista Orsai. Haber publicado en Argentina, a través de Ediciones de la Flor fue como una especie de graduación, el fin de un círculo que comenzó en su pueblo, leyendo Mafalda. “Todo tuvo un sentido, y no habría llegado a ser sino por las redes sociales. Uno puede distribuir gratuitamente su trabajo, y esa es la manera en que se tiene que dar.”

Cree en el conocimiento compartido, pero con límites. “Yo tengo toda mi información en la web, si quieres agarrar y hacerte remeritas con mi información, a mí me encanta. Tengo problemas con que hagas remeritas y las vendas.” Por eso, publica bajo el sistema de licencias Creative Commons, que otorga ciertos permisos para usar sus trabajos  y se asocia al proyecto de Monoblock, que vende productos con sus dibujos, pero prefiere no ensuciar el blog con publicidad, que es el espacio en donde hace lo que más le gusta.

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Por falta de tiempo y cantidad de actividades que incluyó su paso por la televisión para CNN de Chile, abandonó la tinta, para dibujar con wacom, una tableta que le permite digitalizar el trabajo, aunque extrañe la sensación de celulosa comprimida y las acuarelas.

Quiero creer

Falta una hora para que despegue el avión y dos más para cruzar la cordillera y abrazar a su hija Laura a la que extraña cada vez que viaja y que borra las huellas del escéptico que suele ser.

Pero antes de partir hablamos de su enemistad con la religión, un tema recurrente en su humor. ¿En que cree una persona que no cree? No hay una historia oscura. No lo violaron de chico ni tuvo traumas que lo marcaran a fuego. Sus padres son religiosos moderados y nunca lo obligaron a seguir un camino determinado. “He conocido curas buenos, pero que son buenos seres humanos, no es que son buenos porque son curas. Si fuesen arquitectos serían buenos.”

Su interés es casi sociológico. “Yo siento que es un fenómeno social totalmente anacrónico y fuera de foco. Con un nivel de retraso para el mundo de doscientos años. Es una herramienta,  -si bien habrá algunos que ayuden- en general de manipulación absoluta, con una manga de cabecillas maquiavélicos, con sistemas de encubrimiento de los abusos, con una tergiversación de la emocionalidad humana tremenda. Y con que, con el único argumento de que hay un ser superior que dicta lo que tienen que hacer.”

Es demoledor, sus argumentos tienen la sedimentación de los años. No le abriría a Jesús aunque resucitara en su propia puerta. Tampoco cree en el más allá.

-No le veo un objetivo práctico a creer en la vida después de la muerte. Puede aliviar dolores, angustias, dar un sentido de vida pero se me hace tan poco probable que no le veo sentido a poner mi energía ahí. Hasta ahora lo más cercano a algo convincente es que se apaga la tele y chau.

Piensa que el mundo está lleno de números y cifras, acontecimientos y eventos, y que es el cerebro humano el que elige interpretar.  Habla sobre un libro de Humberto Eco que se llama “El Péndulo de Foucault” en el que una misma lista que para su protagonista esconde señales dedicadas a los templarios que buscan un cáliz, para la novia sólo es una lista de lavandería.

Dentro de su concepción, no hay experiencias sobrenaturales. Su mejor amigo murió en un choque brutal. “Yo recibí señales, presencias. Alguien que se sentaba en la cama, se prendía el equipo de música con la canción que a él le gustaba. Pero también, esa canción estaba ahí. Puede ser cualquier cosa, puede ser programación que yo haya hecho y que se me olvidó. Hay muchas más posibilidades de las que uno alcanza a ver.”

Dice que el cerebro humano es muy complejo y no sabemos cómo funciona, lo que sí sabemos es que tiende a asociar ideas que son inconexas y darles un significado. “Eso es lo que hago yo con los dibujos, lo que hace Terry Gillian con las películas y Kevin Johansen cuando hace música. Mezcla cosas inconexas para que otros las interpreten en base al conocimiento previo y se identifiquen. Lo encuentro súper válido.”

No niega que pueda existir algo más, pero es como la agente especial Scully de los Expedientes Secretos X: le cuesta creer. “Yo viví en un Ecuador súper mágico en donde la cultura indígena está muy presente. Yo ocupo palabras indígenas, para mí no es un charco, es una “cocha”, para mí no es mi hermana, es mi “ñaña”, cuando yo me quemo digo “array” o digo “achacay” cuando tengo frío. El sincretismo indígena es muy fuerte. Viví varios rituales indígenas y al final, cuando te das cuenta y metes un poco de cabeza, todas son coincidencias interpretadas. “

Se considera escéptico pero no imbécil, por eso defiende la medicina alopática antes que la homeopática, a la que acusa de placebo. Aunque a la medicina tradicional le faltan años de desarrollo para curar ciertas enfermedades como el cáncer, a la homeopatía le faltan muchos millones de años.

– Yo tengo mucho contacto con esa enfermedad: mi hermana tiene cáncer. Y se trata con homeopatía y con alopatía, pero cuando deja de tomar la homeopatía, sigue curándose, y cuando deja de tomar la alopatía, se jode.

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Habla de religión, de creencias, de enfermedades, de muerte. Y se ríe de todas las convenciones. ¿Tiene límites para el humor? ¿Cambió la manera de hacerlo en los últimos tiempos y hay más restricciones?

-Eso está en los ojos de quien lo hace, no del público. A mí mucha gente me dice: no hables de los veganos o de religión. Yo no haría chistes con gente que no puede modificar su estado…y a veces sí. Cuando me enteré de que mi hermana se enfermó, debo haber hecho tres o cuatro chistes de cáncer esa semana, con los que me reí con mi hermana, y hubo gente que me dijo “oye pelotudo, no hagas chistes con esto que es muy serio” Lo estoy haciendo para mí, para la gente que me importa y gente que está sufriendo. Y si a ti no te gusta, cámbiate de blog,  mala pata.

“El humor es un parachoque” dice, mientras lo observo con atención. Podría jurar que por un momento hubo un destello del diablo en su mirada, un personaje al que sospechosamente se parece demasiado.

Montt

Presentación del 27/12/12 en el Espacio Moebius del Patio del Liceo.

Charla de Alberto Montt con Liniers y Decur.

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