Alan Dimaro dibuja el Cabrón que todos llevamos dentro

Arreglamos una cita frente al Parque Centenario. Con el sol del mediodía entramos al bar y nos ubicamos cerca de la ventana, el lugar preferido por cualquier persona que quiere algo de intimidad y la opción de mirar los árboles y la gente.  Pero cuando el mozo se acerca y le decimos que no vamos a comer más que un tostado y un café, nos pide que cambiemos de mesa mientras la señala, porque -explica- esa está preparada para almorzar. Al movernos, observo que la nueva mesa tiene mantelitos, copas y cubiertos  idénticos a la que acabamos de dejar. Más tarde mi pedido de café con leche en jarrito se transforma en un pocillo de café. El tostado pronto adquiere la consistencia de una zapatilla. Una escena como ésta bastaría para que aparezca Cabrón, el personaje autobiográfico que dibuja Alan Dimaro, a quién tengo sentado enfrente.

-¿Cómo fue ese comienzo de Cabrón?

– Yo venía craneando la idea de hacer algo humorístico. Cabrón surgió en 2010, cuando hice mi segundo libro de historietas, Valdemar II y laburé mucho con la adaptación de cuentos de Quiroga, Edgar Allan Poe y Necrópolis, con guión de mi amigo Diego Gainza. Me pasaba horas dibujando esa antología y no tuvo la respuesta que esperaba.

Valdermar I que había salido el año anterior, vendió mucho y fue un trabajo menor en cuanto a diseño, tapa, historias. Tal vez fue la maldición de Poe. Cuestión que había perdido el gusto por dibujar, estaba horas tratando de alcanzar la historieta perfecta y cuando no me gustaba algo, lo rompía, me calentaba. Me preguntaban si me gustaba dibujar, yo les decía que ya no, que lo hacía porque me salía de una manera aceptable.

Y con Cabrón recuperé el gusto. Al principio era una novela autobiográfica, no tenía título. Mi personaje se fue transformando y el nombre surgió en 2011. Lo hago y lo subo, tengo la respuesta de la gente al toque, es lo que más disfruto hacer, me divierte. El motivo principal por el cual hago las historietas es para que la gente se ría. Si se cagan de la risa, misión cumplida, lo hice para eso y lo logré. Cuando trabajaba en La Ley, la editorial jurídica, hacía el armado del Boletín Oficial ahí, mis compañeros  me pedían que las imprimiera y las llevara. Después escuchaba las carcajadas desde la otra punta.

Más tarde me contacté con el editor de la Duendes, Alejandro Aguado, al que después le recomendé a Luciano Rivas. Le mandé mi trabajo y me publicaron. La idea es que pronto salga el libro para ser parte de su catálogo, junto a trabajos de Mssaarolli y Patricia Breccia, entre otros. Es un orgullo compartirlo con ellos.

Subo capítulos en FB y en la página de Duendes, mi idea es hacer un libro con todo el material.

-El personaje en parte sos vos, pero siendo una historieta puede pasar cualquier cosa, como que aparezca Charlie Sheen,  ¿te pones en el papel de superhéroe o como alguien que te gustaría ser?

-Cuando hice un homenaje a la Naranja Mecánica, yo era Alex. Y sí, a veces deliro un poco, como en la del Hombre Lobo, (aunque la de los policías-monos era real). Una vez me preguntaron si Cabrón era un monumento a mi ego, todo lo contrario, en Cabrón me río de mí, muchas veces quedo como un pelotudo.

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-¿Tenes inspiración en otras novelas o historietas autobiográficas?

-Viví siempre entre Capital y Lobos. En 2007 empecé a cursar la carrera de edición y de 2008 a 2010 la hice viajando en tren de Lobos a Capital. Todos los días viajaba cien kilómetros, y por eso le puse así al sello independiente con el que editamos varios libros, mi oficina de laburo era el tren.

En calle Corrientes había comprado unas historietas autobiográficas que me fascinaron y las leía en el tren. Eran historietas que se publicaban en el blog, “Historietas reales”. Había una que se llamaba “La divina oquedad”, de Rodrigo Terranova. De ahí saqué la idea de poner lo que estaba escuchando mientras dibujaba, porque la música me parece súper importante, habla del autor. No hay un día en que no escuche música y genera un vínculo más íntimo entre el autor y el lector. También leía “Granjero de Jesú”, de Ángel Mosquito, “Yo conmigo” de Fabián Zalazar, ese libro lo publicó Domus. Me marcó mucho, el enfoque, el formato, en blanco y negro.

Cien kilómetros de editorial

 -¿Cuándo arrancaste con la editorial?

-Empezamos en 2009, publiqué literatura, narrativa, historietas. Empecé en Lobos después de estudiar la carrera de edición.

-¿Qué publicaron hasta ahora en Cien kilómetros?

-La idea fija y Media hora de felicidad, de Mariano Contrera; Carne y sangre, de Diego Gainza; La hora difícil, de Ricardo Steiner; Los espejos y los días, de Luisa Anastasio; Amnesia vertical de Georgina Wloch; Crónicas desveladas, de Iván Lukman y Sr. Valdemar II, entre otros. Gracias a algunos autores los libros fueron a Suiza, Alemania, Australia, Uruguay, Chile y Cuba.

Imagen Adaptación del cuento publicada en Valdemar II

-¿Y por qué no publicas Cabrón con tu editorial?

Porque me interesa que esté en una editorial que se dedica a la historieta y tiene mucha rotación. Cuando hay eventos, siempre está el puesto de la Duendes.

La Duendes” antes se llamaba “Duendes del Sur”, y se editó desde Chubut entre 1991 y 1992. Después se transformó en un suplemento semanal “El Espejo. De los dibujantes del sur”, que se publicó en el diario de mayor tirada de la región central de Patagonia. Se editaron 89 números entre 1993 y 1994. Volvieron en 2007 con el nombre cambiado y hoy es una editorial de historietas de alcance nacional en la que colaboran artistas nuevos y consagrados. La editorial trabaja de forma cooperativa. 

Trabajo artesanal

-¿En cuanto a las técnicas, cuáles usas?

-Cabrón no tiene retoque digital, directamente lo hago en tinta. Las viñetas las hago con lápiz y después si me equivoco, liquid paper. Una vez le contaba a un colega que me decía que para eso está el photoshop. Sí, laboralmente es lo que hoy se busca, pero a Cabrón lo hago por gusto entonces es artesanal. Cuando veo cosas muy retocadas digitalmente me generan distancia, no les resto valor pero siento que hay una distancia entre el autor y la obra y entre el autor y el lector. De las adaptaciones de clásicos, algunas obras están buenísimas, pero otras, no. La tipografía también provoca esa sensación de alejamiento cuando los globitos no parecen la voz, parecen pegados arriba del dibujo, no forman parte de la composición del dibujo. La máquina nos está reemplazando en muchas cosas, que lo haga en el arte…

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Tengo miedo de que al estructurarme en eso le pierda el gusto. Con lo que hago, que técnicamente no es correcto, apunto a lo que quiero transmitir: un estilo más despojado transmite más sentimientos. Igual hay un estilo para cada género y tal vez para historias más oscuras, de muerte y asesinato no iría.

Cabrón es una bocanada de sentimientos y cosas que me pasan por la cabeza. En una hora y pico termino aunque me llevó mucho tiempo el capítulo El Candidato porque tuve que entrar al Facebook de cada uno y hacerlos lo más parecido posible.

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Cuando veo cosas así las aprecio más. Antes use tinta china, la adaptación de Quiroga la hice así, la de Poe con tinta china aguada. Me llevó más tiempo porque estaba aprendiendo a dominar la técnica.

-¿Y cómo se te dio por elegir esos cuentos para adaptar?

– El primer libro de Sr. Valdemar surgió en el 2009. Era una antología de cuatro autores y con Diego Gainza elegimos el nombre porque somos fanáticos de Edgar Alan Poe, aunque no había nada de él. En el segundo adapté Los hechos en el caso del Sr. Valdemar que es acerca de un enfermo terminal que tiene tuberculosis y su amigo que hipnotiza a la gente, decide intentarlo con él en su lecho de muerte porque piensa que le puede prolongar la vida.

El tipo que está por entregar los documentos es hipnotizado, entonces está muerto pero puede hablar y empieza a describir como se le va deteriorando el cuerpo durante casi un año. Ese cuento yo lo leí cuando volvía en tren a Lobos,  y era un quilombo, estaban los pescadores, tipos fumando, otros vendiendo Cds con reggaetton. Y yo me había metido en esa habitación en el año mil ocho cuarenta y pico, estaba con el muerto.

 

Acercamiento a los lápices y al rock

 Alan Dimaro nació en Lobos, el 7 de octubre de 1984. Siendo el primero de tres hermanos, sus padres no tenían parámetros para comparar si su hijo se destacaba en el dibujo. Hasta que una vez llamó la directora de la escuela a su casa para decirle que era notable como dibujaba. Desde entonces, siempre lo apoyaron en lo que le gustaba. Aprendió de manera autodidacta, copiando historietas como las de La Liga de la Justicia, que hoy le generan buenos recuerdos.

Luego dictó talleres de historieta en una biblioteca y en el Municipio de Lobos, y siempre se vinculó con el dibujo.

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-¿Qué hacen tus viejos?

-Él trabajó toda su vida como mecánico, mi vieja tuvo una zapatería y ahora es ama de casa. Tengo un hermano de 25 que vive en La Plata y otro de 20.

-Y además de tu relación cercana con la música, ¿tocas algún instrumento?

-No, sólo soy espectador. Canto pero no delante de un micrófono, soy amante de la música. Mi banda favorita hasta al día de hoy es Aerosmith. Cuando pusieron cable en Lobos la descubrí, habrá sido en el 99’, allá llegaba todo más tarde. Era la época en que los canales de música pasaban música, veía Aerosmith, los Guns, Red Hot Chilli Peppers. Me acuerdo que en Music 21 que pasaban toda una hora del artista.

Fue alucinante para mí cuando los vi en vivo, en 2007, sufrí muchísimo, fue el recital en el que estuve más estrujado. Me tuve que fumar a Evanecence que no tenía nada que ver, una banda careta que quiere ser gótica. Despues Velvet Revolver, y Aerosmith. Fue el mejor recital de mi vida. Ese y el de Mötley Crüe que diluvió y fue épico.

-¿En tu casa que escuchaban?

-En mi casa hay vinilos. Y a mi vieja le gustaba Michael Jackson, a mi viejo Queen, Creedence, The Police, Soda Stereo.

-Bueno, bien, podría haber sido Palito Ortega.

-Mi vieja odia a Sandro y yo la cargo y le digo porque no es como todas las viejas a las que les gusta.

Historieta made in Lobos

-¿Cómo fue el evento de la Historieta ahí en Lobos?

-El Encuentro de Humor e Historietas que se hizo en 2011 y se repitió en 2012, en los 80’ era típico porque no había otra cosa tan grosa, iba gente como Fontanarrosa y Caloi. Hoy en día hay muchos eventos pero en esa época había uno grande en Rosario y el otro era en Lobos. Mi primera exposición fue ahí, yo estaba muy metido con el Manga, tenía 14 años y todos me presentaban a Solano López pero no lo conocía. Años después descubro el Eternauta que me rompió la cabeza, en 2009 lo volví a ver y me firmó ejemplares.

El evento tuvo mucha convocatoria en 2011. Con José Massaroli estuvimos los tres días que duró el evento dibujando para el público. Para mí fue genial, la gente iba y nos pedía cosas, él hacía sus personajes, Orquídeo Maidana, Juan Moreira. Estaba haciendo Disney para Dinamarca así que dibujaba a los sobrinos del Pato Donald. Yo dibujaba lo que me pedían, “dibujame un Burt Simpson en patineta” y yo lo hacía, ahora me van a tener que pedir que les dibuje Cabrón.

Porque si no te encabronás.

-Mi personalidad se fue encabronando con el tiempo, me peleo más con la gente. Siempre me pasan cosas. Habíamos ido a ver una banda gótica con unos amigos y salimos re eufóricos, y por ahí nos vienieron a apurar y pedirnos plata mal, y bueno, terminó a las piñas, esas cosas cuento en las historietas.

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Una noche estábamos con amigos en mi casa y había un ratón enorme y nadie se animaba a sacarlo. Otra noche habíamos ido a bailar a los bosques de Palermo, me aburrí y me fui antes y con mi amigo vimos un pingüino en los Piletones de Aguas Argentinas. Después veníamos hablando del pingüino, y nos metimos, inocentes en los Bosques y nos corrieron travas en bolas. Eso me dio miedo pero zafamos.

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-Te tienen que pasar cosas para poder contarlas.

-Una vez vi a un hombre levitando. Estaba en Lobos con tres amigos en un bar y viene uno de esos típicos magos que te hacen truquitos con las cartas, sacan una moneda de la oreja y nos dijo: “bueno chicos, miren ésto porque no lo repito”.  Juntó los pies, se elevó unos centímetros arriba del piso, bajó y dijo: “chau chicos, me voy”. Y se fue. No nos pidió plata, nada.  Por suerte siempre tuve testigos.

Después estaba con mi novia en Lobos y vi un yacaré en un arroyo, que es un desague cloacal, imposible que estuviera ahí.  Siempre me pasan cosas atípicas que después puedo plasmar en la historieta. La cosa es contar algo que salga de la cotidianeidad.

Yo no lo hago para canalizar, lo hago para divertirme. Alguna vez lo hice como cuando me puteó una vieja en la parada del colectivo, una que siempre insultaba a la gente y se la devolví. Cuando llegué a casa me puse a dibujar, dibujaba con ira.

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Ya es hora de despedirnos. Le pagamos al mozo que nos cobra con una sonrisa de falsa amabilidad, bromeamos acerca de mi café con altas probabilidades de haber sido escupido y nos vamos. Tal vez Cabrón hubiera reaccionado con violencia ante semejante maltrato pero nosotros nos limitamos a no dejarle propina. Afortunadamente, Alan Dimaro todavía tiene el control de su personaje. Al menos por ahora.

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FanPage de Cabrón https://www.facebook.com/alan.dimaro.7?fref=ts

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2 thoughts on “Alan Dimaro dibuja el Cabrón que todos llevamos dentro

  1. Excelente! no mas que decir… solamente un artista que sabe lo que quiere representar cuando estamos escabronados.

  2. Qué manera potente y directa de encarar el diálogo. Una persona que puede transformarse en personaje y hacer catarsis. Muy buena nota Kari! Indagando en lo importante y permitiendo que el entrevistado fundamente sus elecciones. Realmente la disfruté

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