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Poly Bernatene: el iluminador de la noche

“Trabajar para chicos me mantiene más cerca de la sabiduría”, dice Poly Bernatene. Sentados en la sala de una casa antigua, con techos altos y paredes rojas y blancas, me preparo para escuchar una de sus historias:

-Sapo de otro pozo, es un libro que hicimos con Rodrigo Folgueira. Es sobre un chanchito que aparece en una laguna y lo rodean otros animales que lo maltratan terriblemente. La cuestión es que con Rodrigo vamos a las escuelas y hablamos con los chicos, ellos dibujan a los personajes y casi siempre hacen a los mismos, al chanchito, a la comadreja, a los sapos.

Un día se me acercó una maestra casi llorando y me mostró el dibujo de un nene, Tobías. Había dibujado al escarabajo Hugo, que apenas aparece. Y nos contó que él casi no se comunicaba porque era autista, pero se había detenido en ese personaje chiquitito. Lo había observado de otra manera.

Son especiales los chicos, de verdad, asombrosos.

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El chancho que croa

Poly que es Norberto Bernatene, conserva la mirada del que acaba de hacer una travesura o bajarse de un árbol después de jugar toda la tarde. Aunque ahora use barba y antejos, es un chico que nació en 1972 y nunca dejó de dibujar. La misma característica se repite en los entrevistados.

-Todos nacen dibujando. Para escribir, jugás haciendo dibujitos. Las palabras también son dibujitos. Después la sociedad se encarga de anularte, taparte. Están los que siguen fantaseando. Se permiten eso y es una manera de sobrevivir al corte que hace la sociedad.

-¿Una especie de rebeldía?

-Una necesidad. Desde chico dibujé y sabía que iba a vivir de ésto.

Como la mayoría de los que eligen el camino artístico, ocupaba todo el tiempo en hacer lo que le gustaba. Tuvo la suerte de que los viejos lo apoyaran, “no les quedaba otra”. Iba a talleres.  No leía mucho, eso vino después, cuando Bellas Artes le abrió la cabeza.

Por aquella época, miraba la tele y copiaba el reflejo. Sus versiones de Meteoro, con Chispita y Chito, de la Pantera Rosa hecha pompa después de salir del lavarropas. También le encantaba el cine, así que con los recursos que tenía, probaba el mundo de la historieta.

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Batman estilo niño Poly

 Después de la secundaria, la carrera de Bellas Artes fue un pasaje por la cultura, la filosofía y la ética. De ahí también sacó a sus mejores amigos y a su mujer. “Ahí aprendí a disfrutar de leer a Borges, se me abrió el mundo”.

De la historia de amor no cuenta mucho, él era un tímido, el típico introvertido. Ella era del grupo de escultores. En la facultad había fiestas, corría la ginebra y se armaban círculos de artistas. Alguna noche pasó, que Poly perdió la timidez y la encaró.

Con ella tienen dos hijos, de seis y diez años, que además de cambiarles la cabeza, son los que primero testean sus libros infantiles. Es que la mirada no falla.

“Ser papá te cambia la cabeza” dice, aunque el proceso de dibujar para chicos viene desde antes, y es algo que hace por puro placer.

-Yo tuve suerte y caí en la literatura infantil medio de paracaidista, trabajé en un hipermercado hasta el 99 mientras estudiaba en Bellas Artes. Ahí me llamaron unos amigos que tenían un sótano y dos tableros para hacer animación. Nos juntábamos hasta la madrugada cada uno con su proyecto y surgió mi primera posibilidad de trabajar para hacer fondos con productoras de animación.

Hasta el año 2000 trabajó Los Pintín, una familia de pingüinos sin ninguna connotación política. No fue una buena época para las producciones nacionales.  Ese fue el último proyecto. Estaban  haciendo Patoruzito, cuando la crisis que se avecinaba los dejó sin plata y no se hicieron más películas.

Con la carpeta bajo el brazo fue a buscar trabajo a las editoriales. Después de cinco meses lo llamaron y le preguntaron si hacía cosas para chicos.

-Mentí, dije que sí y ahí enganché para un personaje.

En 2001 hizo libros para Atlántida y otra vez…nada. Fue el momento de jugarse. Podría haberse quedado y trabajar en otra cosa pero eligió jugarse los ahorros en un viaje: con su mujer se fueron a la feria de Bologna en 2002, una vidriera para mostrar sus ilustraciones. Consiguió trabajo en publicidad y en una editorial, después fue cada dos años, hasta 2008. Los viajes se interrumpieron pero quedaron los contactos, los libros se multiplicaron, la mayoría fueron infantiles.

-Lo más divertido es que al empezar a trabajar para chicos, me involucré en la literatura, llegué a Elsa Borneman a quien ilustré y a un montón de autores increíbles. Yo  quería ilustrar a Poe, Asimov y Bradbury.

Sus dibujos aparecen en libros traducidos a varios idiomas. Fueron publicados en Argentina, México, España, Inglaterra, Australia, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Francia, China, Taiwan y Estados Unidos.

Uno de los libros más significativos, “Cuando no llega la noche”, fue encargado en Reino Unido por Meadowside Books y después la Editorial Unaluna le pidió que le agregara texto a las imágenes para su versión en castellano en Argentina y España. Con la guía del escritor Luciano Saracino, se animó a sumarle palabras para contar una historia.

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El espacio fantástico de “Cuando no llega la noche”

-A mí me interesa involucrarme con los textos, con las palabras, para que mi dibujo crezca. Para eso necesito saber cómo se escriben, conocer la estructura y llevarla a mi trabajo. El libro infantil tiene que ser un libro que no se lea linealmente, que se pueda volver atrás, explorarlo, dar vueltas las hojas. Aprendí desde lo técnico a buscar que no aburra la lectura, que atrape, te deje con dudas. Es un gran premio para el autor que el lector sea el que lo cierre. La experiencia modifica un montón de cosas.

En la última feria del Libro “Pequeño Editor” hizo una invitación para ilustrar y hacer un libro en vivo. Poly cuenta que la gente proponía palabras y después les daba el significado.

-Una nena de 9 años puso: “Yo: aquel que conoce todos mis secretos”. Después venía otra, “Secreto: eso tan misterioso como un ninja en la oscuridad”. Vino una señora grande que le puso a la oscuridad, “ausencia de luz”.

Las definiciones de los chicos son maravillosas. En ese sentido los que dibujan y escriben, se acercan más a este tipo de lectura. Desprendida de lo que es la realidad. No es tan fácil ser chico siendo adulto.

Aunque asuma las responsabilidades del adulto, ingresar en el ambiente de los dibujos significa entrar a un espacio con más libertad.

Historieta de vida

Hace veinte años ya soñaba con hacer historietas junto a Rodrigo, su amigo escritor. La máxima aspiración por entonces era publicar en la mítica Fierro.

-Cuando yo desarrollé mi carrera profesional no había mercado para la historieta, estaba todo muerto. Pero tiempo después lo hicimos. Somos como hermanos y por eso salen las historias lindas que salen. Tenemos varios proyectos juntos. Cuando miramos para atrás, vemos como se fueron concretando las fantasías.

Crecieron admirando a Breccia, Nine y Altuna. Alberto Breccia fue un referente en varios sentidos para las generaciones que consumieron sus historietas, con el guionista Carlos Trillo armaron una dupla efectiva, de esas que se potencian al construir el relato.

-El nos enseñó el tema del diseño, a manejar los espacios, la repetición, a mantener climas, equilibrios. Yo elegí los libros más que las historietas porque sentí que me alcanzaba ese espacio para contarlo.

Destinado el público adulto, ilustró los cuentos de Poe que sacará la editorial Pictus a fin de año. Participó de la adaptación a la historieta de los cuentos de Horacio Quiroga que hizo Luciano Saracino para “De amor, de locura y de muerte”, y demostró que puede  transmitir algo más que ternura con sus dibujos.

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Galería Poe

Regar un bonsai

Hace un tiempo frenó un poco con la exigencia de los libros por encargo, para detenerse a mirar hacia dónde quería ir. Fue un momento de introspección y de experimentar con técnicas y perspectivas nuevas.

-Era un obsesivo del laburo. Hay que encontrarle la vuelta para disfrutar, leer, escuchar música, y el deporte me desconecta. Hace un par de años me cayó la ficha de los cuarenta, bajé quince kilos, estoy haciendo deportes, hago tenis y ando como los perritos atrás de la pelota. Fue lo único que me desenchufó, antes corría y seguía pensando, craneando.

Hoy –dice- es el momento de aceptar desafíos. Como el de ilustrar el nuevo proyecto de Hernán Casciari, para Editorial Orsai. En continuidad sonora, “Bonsai” será una comedia en formato revista que además tendrá actualizaciones en el blog y contará la historia de la familia Dámaso, que al igual que en la mayoría de las películas de Disney, tendrá que vivir sin la presencia de la madre. El objetivo es que todos los seres humanos con un niño adentro, “de 6 a 90 años”, vuelvan a compartir la lectura en voz alta. ¿Lo logrará? Habrá que esperar a enero, cuando se empiece a publicar.

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Familia Bonsai: ¡bienvenida!

 Bernatene conoció a Casciari cuando lo llamaron para ilustrar la tapa de Orsai 12, la segunda del último año. Estaba en medio del desarrollo de  temas infantiles pero no quiso perderse la oportunidad y se conectó con la idea que le pidieron: dibujar a  un tipo avaro y miserable, para centrarse en el vínculo de los hombres con el dinero. Eso lo obligó a salir de la zona de confort y explorar el lado oscuro. También pudo dibujar varias opciones, y jugó con el descarte. No es el único –Tute es un buen ejemplo- que piensa que ahí es donde se encuentra lo más interesante, puro material del inconsciente.

-Lo que uno dice que es descarte es lo más rico. Jorge González hace cosas que cualquier otro vería como proyecto, pero vos ves el alma del que dibuja. No todos estamos preparados para desnudarnos así. Tampoco hay gente del otro lado que está preparada para recibirlo.

 Adobe Photoshop PDF

Boceto de tapa

Adobe Photoshop PDF

Tapa alternativa

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La idea de Casciari, la traducción de Bernatene

 Dice que es lento para asimilar los cambios y que podría tener dos o tres libros más. Pero lo que pierde en productividad, con el trabajo de hormiga, lo gana en disfrutar el proceso rodeado por gente de confianza. Mientras tanto, lee y no deja de formarse, de probar y equivocarse. Después llega un momento en que lo aprendido se debe poner a  prueba. “Es la mejor manera de saber qué es lo que te falta por aprender”.

En su blog, Poly cuenta que muchos ilustradores le pedían consejos, por eso decidió escribir cómo habían sido sus pasos para llegar a publicar en medios gráficos. No fue cuestión de suerte o talento. Cuando uno ve sus dibujos entiende que no fue sólo eso. Hubo muchas horas de estudio, práctica y deseos de superación. La única manera de hacerlo, de aguantar la inestabilidad de la carrera, es con la certeza de la vocación.  Y de eso, Poly tiene bastante.

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