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Poly Bernatene: el iluminador de la noche

“Trabajar para chicos me mantiene más cerca de la sabiduría”, dice Poly Bernatene. Sentados en la sala de una casa antigua, con techos altos y paredes rojas y blancas, me preparo para escuchar una de sus historias:

-Sapo de otro pozo, es un libro que hicimos con Rodrigo Folgueira. Es sobre un chanchito que aparece en una laguna y lo rodean otros animales que lo maltratan terriblemente. La cuestión es que con Rodrigo vamos a las escuelas y hablamos con los chicos, ellos dibujan a los personajes y casi siempre hacen a los mismos, al chanchito, a la comadreja, a los sapos.

Un día se me acercó una maestra casi llorando y me mostró el dibujo de un nene, Tobías. Había dibujado al escarabajo Hugo, que apenas aparece. Y nos contó que él casi no se comunicaba porque era autista, pero se había detenido en ese personaje chiquitito. Lo había observado de otra manera.

Son especiales los chicos, de verdad, asombrosos.

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El chancho que croa

Poly que es Norberto Bernatene, conserva la mirada del que acaba de hacer una travesura o bajarse de un árbol después de jugar toda la tarde. Aunque ahora use barba y antejos, es un chico que nació en 1972 y nunca dejó de dibujar. La misma característica se repite en los entrevistados.

-Todos nacen dibujando. Para escribir, jugás haciendo dibujitos. Las palabras también son dibujitos. Después la sociedad se encarga de anularte, taparte. Están los que siguen fantaseando. Se permiten eso y es una manera de sobrevivir al corte que hace la sociedad.

-¿Una especie de rebeldía?

-Una necesidad. Desde chico dibujé y sabía que iba a vivir de ésto.

Como la mayoría de los que eligen el camino artístico, ocupaba todo el tiempo en hacer lo que le gustaba. Tuvo la suerte de que los viejos lo apoyaran, “no les quedaba otra”. Iba a talleres.  No leía mucho, eso vino después, cuando Bellas Artes le abrió la cabeza.

Por aquella época, miraba la tele y copiaba el reflejo. Sus versiones de Meteoro, con Chispita y Chito, de la Pantera Rosa hecha pompa después de salir del lavarropas. También le encantaba el cine, así que con los recursos que tenía, probaba el mundo de la historieta.

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Batman estilo niño Poly

 Después de la secundaria, la carrera de Bellas Artes fue un pasaje por la cultura, la filosofía y la ética. De ahí también sacó a sus mejores amigos y a su mujer. “Ahí aprendí a disfrutar de leer a Borges, se me abrió el mundo”.

De la historia de amor no cuenta mucho, él era un tímido, el típico introvertido. Ella era del grupo de escultores. En la facultad había fiestas, corría la ginebra y se armaban círculos de artistas. Alguna noche pasó, que Poly perdió la timidez y la encaró.

Con ella tienen dos hijos, de seis y diez años, que además de cambiarles la cabeza, son los que primero testean sus libros infantiles. Es que la mirada no falla.

“Ser papá te cambia la cabeza” dice, aunque el proceso de dibujar para chicos viene desde antes, y es algo que hace por puro placer.

-Yo tuve suerte y caí en la literatura infantil medio de paracaidista, trabajé en un hipermercado hasta el 99 mientras estudiaba en Bellas Artes. Ahí me llamaron unos amigos que tenían un sótano y dos tableros para hacer animación. Nos juntábamos hasta la madrugada cada uno con su proyecto y surgió mi primera posibilidad de trabajar para hacer fondos con productoras de animación.

Hasta el año 2000 trabajó Los Pintín, una familia de pingüinos sin ninguna connotación política. No fue una buena época para las producciones nacionales.  Ese fue el último proyecto. Estaban  haciendo Patoruzito, cuando la crisis que se avecinaba los dejó sin plata y no se hicieron más películas.

Con la carpeta bajo el brazo fue a buscar trabajo a las editoriales. Después de cinco meses lo llamaron y le preguntaron si hacía cosas para chicos.

-Mentí, dije que sí y ahí enganché para un personaje.

En 2001 hizo libros para Atlántida y otra vez…nada. Fue el momento de jugarse. Podría haberse quedado y trabajar en otra cosa pero eligió jugarse los ahorros en un viaje: con su mujer se fueron a la feria de Bologna en 2002, una vidriera para mostrar sus ilustraciones. Consiguió trabajo en publicidad y en una editorial, después fue cada dos años, hasta 2008. Los viajes se interrumpieron pero quedaron los contactos, los libros se multiplicaron, la mayoría fueron infantiles.

-Lo más divertido es que al empezar a trabajar para chicos, me involucré en la literatura, llegué a Elsa Borneman a quien ilustré y a un montón de autores increíbles. Yo  quería ilustrar a Poe, Asimov y Bradbury.

Sus dibujos aparecen en libros traducidos a varios idiomas. Fueron publicados en Argentina, México, España, Inglaterra, Australia, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Francia, China, Taiwan y Estados Unidos.

Uno de los libros más significativos, “Cuando no llega la noche”, fue encargado en Reino Unido por Meadowside Books y después la Editorial Unaluna le pidió que le agregara texto a las imágenes para su versión en castellano en Argentina y España. Con la guía del escritor Luciano Saracino, se animó a sumarle palabras para contar una historia.

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El espacio fantástico de “Cuando no llega la noche”

-A mí me interesa involucrarme con los textos, con las palabras, para que mi dibujo crezca. Para eso necesito saber cómo se escriben, conocer la estructura y llevarla a mi trabajo. El libro infantil tiene que ser un libro que no se lea linealmente, que se pueda volver atrás, explorarlo, dar vueltas las hojas. Aprendí desde lo técnico a buscar que no aburra la lectura, que atrape, te deje con dudas. Es un gran premio para el autor que el lector sea el que lo cierre. La experiencia modifica un montón de cosas.

En la última feria del Libro “Pequeño Editor” hizo una invitación para ilustrar y hacer un libro en vivo. Poly cuenta que la gente proponía palabras y después les daba el significado.

-Una nena de 9 años puso: “Yo: aquel que conoce todos mis secretos”. Después venía otra, “Secreto: eso tan misterioso como un ninja en la oscuridad”. Vino una señora grande que le puso a la oscuridad, “ausencia de luz”.

Las definiciones de los chicos son maravillosas. En ese sentido los que dibujan y escriben, se acercan más a este tipo de lectura. Desprendida de lo que es la realidad. No es tan fácil ser chico siendo adulto.

Aunque asuma las responsabilidades del adulto, ingresar en el ambiente de los dibujos significa entrar a un espacio con más libertad.

Historieta de vida

Hace veinte años ya soñaba con hacer historietas junto a Rodrigo, su amigo escritor. La máxima aspiración por entonces era publicar en la mítica Fierro.

-Cuando yo desarrollé mi carrera profesional no había mercado para la historieta, estaba todo muerto. Pero tiempo después lo hicimos. Somos como hermanos y por eso salen las historias lindas que salen. Tenemos varios proyectos juntos. Cuando miramos para atrás, vemos como se fueron concretando las fantasías.

Crecieron admirando a Breccia, Nine y Altuna. Alberto Breccia fue un referente en varios sentidos para las generaciones que consumieron sus historietas, con el guionista Carlos Trillo armaron una dupla efectiva, de esas que se potencian al construir el relato.

-El nos enseñó el tema del diseño, a manejar los espacios, la repetición, a mantener climas, equilibrios. Yo elegí los libros más que las historietas porque sentí que me alcanzaba ese espacio para contarlo.

Destinado el público adulto, ilustró los cuentos de Poe que sacará la editorial Pictus a fin de año. Participó de la adaptación a la historieta de los cuentos de Horacio Quiroga que hizo Luciano Saracino para “De amor, de locura y de muerte”, y demostró que puede  transmitir algo más que ternura con sus dibujos.

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Galería Poe

Regar un bonsai

Hace un tiempo frenó un poco con la exigencia de los libros por encargo, para detenerse a mirar hacia dónde quería ir. Fue un momento de introspección y de experimentar con técnicas y perspectivas nuevas.

-Era un obsesivo del laburo. Hay que encontrarle la vuelta para disfrutar, leer, escuchar música, y el deporte me desconecta. Hace un par de años me cayó la ficha de los cuarenta, bajé quince kilos, estoy haciendo deportes, hago tenis y ando como los perritos atrás de la pelota. Fue lo único que me desenchufó, antes corría y seguía pensando, craneando.

Hoy –dice- es el momento de aceptar desafíos. Como el de ilustrar el nuevo proyecto de Hernán Casciari, para Editorial Orsai. En continuidad sonora, “Bonsai” será una comedia en formato revista que además tendrá actualizaciones en el blog y contará la historia de la familia Dámaso, que al igual que en la mayoría de las películas de Disney, tendrá que vivir sin la presencia de la madre. El objetivo es que todos los seres humanos con un niño adentro, “de 6 a 90 años”, vuelvan a compartir la lectura en voz alta. ¿Lo logrará? Habrá que esperar a enero, cuando se empiece a publicar.

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Familia Bonsai: ¡bienvenida!

 Bernatene conoció a Casciari cuando lo llamaron para ilustrar la tapa de Orsai 12, la segunda del último año. Estaba en medio del desarrollo de  temas infantiles pero no quiso perderse la oportunidad y se conectó con la idea que le pidieron: dibujar a  un tipo avaro y miserable, para centrarse en el vínculo de los hombres con el dinero. Eso lo obligó a salir de la zona de confort y explorar el lado oscuro. También pudo dibujar varias opciones, y jugó con el descarte. No es el único –Tute es un buen ejemplo- que piensa que ahí es donde se encuentra lo más interesante, puro material del inconsciente.

-Lo que uno dice que es descarte es lo más rico. Jorge González hace cosas que cualquier otro vería como proyecto, pero vos ves el alma del que dibuja. No todos estamos preparados para desnudarnos así. Tampoco hay gente del otro lado que está preparada para recibirlo.

 Adobe Photoshop PDF

Boceto de tapa

Adobe Photoshop PDF

Tapa alternativa

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La idea de Casciari, la traducción de Bernatene

 Dice que es lento para asimilar los cambios y que podría tener dos o tres libros más. Pero lo que pierde en productividad, con el trabajo de hormiga, lo gana en disfrutar el proceso rodeado por gente de confianza. Mientras tanto, lee y no deja de formarse, de probar y equivocarse. Después llega un momento en que lo aprendido se debe poner a  prueba. “Es la mejor manera de saber qué es lo que te falta por aprender”.

En su blog, Poly cuenta que muchos ilustradores le pedían consejos, por eso decidió escribir cómo habían sido sus pasos para llegar a publicar en medios gráficos. No fue cuestión de suerte o talento. Cuando uno ve sus dibujos entiende que no fue sólo eso. Hubo muchas horas de estudio, práctica y deseos de superación. La única manera de hacerlo, de aguantar la inestabilidad de la carrera, es con la certeza de la vocación.  Y de eso, Poly tiene bastante.

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Gusti: El hombre águila

Conocía a Gusti por sus colaboraciones como dibujante en Revista Orsai, pero nunca antes lo había visto en persona, por eso me sorprendí cuando apareció en el stand de la Feria del Libro con sonrisa de barba blanca y me saludó como un viejo amigo. A su porte de caballero español sólo le faltaba la armadura para transformarse en un moderno Rodrigo Díaz de Vivar. Pero apenas abrió la boca comprobé que no hablaba castellano antiguo ni había sido desterrado.

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Es argentino y de apellido polaco pero casi no responde al nombre de Gustavo Rosemffet, hasta su mujer le dice Gusti, y sus hijos a veces lo llaman papá. En porteño atravesado por la distancia, esa tarde de mayo me contó que estaba trabajando en su nuevo libro, el más personal de todos. Mientras hablaba, abrió el cuaderno que tenía bajo el brazo y mostró su tesoro: la historia en dibujos de “Mallko y papá”. Mallko que significa águila-cóndor en quechua, tiene cinco años, es su segundo hijo y tiene Síndrome de Down.

-Cuándo yo supe lo que él tenía me derrumbé,  no lo aceptaba. Y el que me hizo entender todo fue Théo, mi otro hijo que en ese momento tenía ocho años. Me dijo: “sea rojo, amarillo, violeta o del color que sea, es mi mejor hermanito y lo voy a querer igual”. Ahí me cayó la ficha.

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Desde una confitería en la zona de Belgrano, continúa el relato interrumpido, a pocas horas de cruzar el océano para regresar a su hogar en Barcelona. Las pupilas oscuras brillan con el recuerdo.

-Me quería enterrar vivo. Ahora lo miro y me siento estúpido, ¿Por qué la gente los aborta? ¿Cómo les pueden tener miedo a esos angelitos?

A diferencia de él, su mujer lo aceptó desde el principio, ni siquiera se había realizado una prueba en la que se podía detectar cualquier anormalidad, él podría haber insistido pero tampoco lo hizo. “Miro para atrás y pienso que estaba todo escrito.”

“Mallko y papá” formará parte de la colección Proyecto Embudo que  se inauguró con libros de contenido gráfico y autores talentosos como Tute, Alberto Montt, Pedro Mairal y Jorge González. El material no tiene guión pero los dibujos a bolígrafo contienen pequeñas  anécdotas y explicaciones.

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-Agarro los cuadernos en donde dibuja él y hay garabatos, ahí escribo cosas, pensamientos. A veces voy al parque y me llevo el lápiz y me pongo a dibujar, o toco la guitarra, al Mallko le gusta mucho la música. Va a la escuela, es rompebolas.

También dibujo a los Mallko grandes, hay un centro para discapacitados mentales cerca de casa, llamado Jeroni de Moragas, allí  colaboro con un grupo que trabaja como en una fábrica envasando cosas pero ahora con la crisis tienen más tiempo libre y yo voy a pintar y dibujar con ellos y de paso los dibujo. A mí me cambió mucho eso como persona. Cambió mi dibujo, antes era más prolijo, buscaba la belleza, ahora cada vez el trazo es más despojado.

Antes

Antes Gusti era otro hombre. Uno muy joven que después de trabajar en la ilustración de revistas infantiles y la animación de programas de televisión en Argentina, se fue a Europa porque tenía ganas de aprender idiomas y ver cómo era vivir en el extranjero. En realidad quería ir a Estados Unidos y no consiguió el visado, así que viajó a Francia en 1985 sin ninguna preparación.

-Me fue fatal. No conocía a nadie, ni el idioma, había aprendido cuatro palabras en francés. Yo quería trabajar para unas editoriales que me gustaban y no funcionó. En el albergue donde me alojaba conocí a un español que tocaba la guitarra, íbamos con él y tocábamos boleros y canciones de los Beatles en el Metro. Después me fui a España, tenía un contacto en Barcelona que me resultó bastante inútil, me dejó tirado.

A los dos meses de haber llegado, ya había aprendido el catalán, mal, pero le servía para comunicarse.

Hace una pausa para tomar el enorme licuado de banana que pidió, con la conciencia de que es el último por un tiempo largo. En Barcelona no lo sirven así -dice- y lo saborea como parte de su ritual de despedida. El dibujante se siente extranjero en todos lados, parece disfrutar de su condición cosmopolita.

– Aquí  me preguntan si soy español. En España digo “hola” y soy argentino.

Dice que no le da vergüenza equivocarse en otros idiomas, que en su casa se hablan las cuatro lenguas oficiales del reino: castellano, francés, argentino y catalán.

-Mi hijo tiene acento español, pero con términos argentinos. Si habla conmigo dice “plasha” playa “posho” pollo, y el código argentino lo entiende perfecto. La francesa habla más argentino que yo.

La francesa es Anne Decis, a quien conoció en una Feria del Libro europea por una amiga en común. Artista como él, hoy comparten la vocación, el amor y la familia.Y la sociedad parece funcionar.

Amigo de los dibujantes argentinos Jorge González y Horacio Altuna, entre muchos otros, Gusti integra la Legión Extranjera que desde España comparte con el resto de los mortales, su destreza para componer historias, personas y sueños dibujados. De sus libros, se destaca “La Mosca” que fue un hit y tuvo repercusión en el público infantil.

-Me inspiré una vez que estaba Théo en el wáter y me llamó para limpiarle el culete, vi una mosca atrapada en  el agua y me imaginé que para una mosca un culo debía de ser grande como la nave alienígena de “Independence Day” -lo cual comprueba que las musas pueden llegar en cualquier momento y hay que estar preparado.

En “Medio Elefante”, hace un collage con herramientas y objetos de la construcción, y “Papá estuvo en la Selva”, es un relato que tiene algo de sus experiencias, pero con las exageraciones propias de la narración de un niño. Está ilustrado por su mujer y fue publicado por “Pequeño Editor”. En todos ellos se destaca la imaginación y la mirada humorística que lo caracteriza.

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Arte transformador

Para Gusti, el arte puede generar cambios pero se trata de un proceso que se relaciona con la toma de conciencia. Entre la crisis europea y el ruido de Buenos Aires, es difícil ver el sonido auténtico, lo que se tapa.

-Creo  que tiene que ver con un sistema que está obsoleto, no funciona. Estamos en un barco, al final el agua les llega a todos. cuando tocan la sanidad y la educación. Cuando ves que la gente se muere por dinero, es una especie de hipocresía, me da rabia.  Por otro lado, ¿qué podes hacer? Cultivar, nunca mejor dicho, yo tengo mi huerta, mis verduras, mis plantas, es una forma de cuidar el espacio, el agua.

-¿Te ubicás dentro de alguna ideología política?

-Ninguna, si me tengo que ubicar lo hago en la izquierda. Es un discurso más acorde al mío pero en la realidad son todos iguales, izquierda o derecha cuando se suben al poder actúan bajo un mandato supremo que es el mercado financiero y no pueden hacer nada o no quieren y los que pagamos el pato somos nosotros. Pasa en todo el mundo lo mismo. Hasta que algún día estalle. Para mí va a venir un cambio, como dicen los mayas.

-¿Cómo ayudás a que haya algo mejor desde el arte?

-Soy una ONG con patas, el dibujo es muy potente. Hay dibujantes que sostienen las marchas en España. Yo trabajo en un ámbito más infantil, doy talleres, voy a los colegios, y reivindico el poder del dibujo. Creo que es mi contribución, hacer que la gente grande dibuje un árbol, pajaritos, que construyan algo. Ésto me permite viajar, ir a comunidades rurales, indígenas.

Gracias a compartir su vínculo con el arte pudo conocer el mundo de otra manera y descubrió las raíces de una Argentina más profunda.  También estuvo en Chiapas. Aprovechó la invitación a una charla en el salón del Libro en México para luego  vivir una temporada con los Tseltales. Estuvo con los  “batsil winik”, los hombres verdaderos.

En la Universidad Metropolitana había conocido al artista Andrés Moctezuma, que dedica su vida a trabajar con las comunidades indígenas de Chiapas y Guajaca. Dictaba talleres de serigrafía, a la vez que se involucraba con proyectos sobre medio ambiente. Se hicieron amigos y Gusti le propuso enseñar dibujo en los talleres comunitarios. Fue un intercambio cultural, lo apasionaba enseñar y aprender de ellos.

También  conoció a los Lacandones, que son más cerrados y no quieren recibir mucha gente de afuera porque desean mantener la identidad. Pueden hablar español, pero los mayores prefieren usar su propia lengua.

Dice que fue clave ir con el corazón abierto, por eso lo aceptaron. Daba clases en la biblioteca, una casita a la que denominaban “sembrando sabiduría” porque no tenían una palabra para definirla. A él lo bautizaron Muk ul xic, pájaro grande o águila grande, por su afición a los pájaros. Hacía collage con plantas y ramitas, y con sus dedos largos tomaba el lápiz para dibujar la gama de verdes de la selva y la energía de los nativos que se dejaban retratar.

Le llamó la atención que todos los chicos hablaban de un duende que hacía bromas, una especie de ser mitológico al que dibujaban igual, como si lo hubieran visto. Pero él no se lo cruzó nunca. Hubiera sido una experiencia interesante.

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El silencio de la montaña

Al igual que los Tseltales, Gusti entró en el mundo de las plantas de poder. Pero no fue en México sino en Ecuador donde empezó a trabajar en la selva con el tema de la conservación de las águilas. Así conoció el significado de las prácticas espirituales en las que el hombre se entrega a la naturaleza para buscar sabiduría. Y aunque era bastante escéptico, un sueño hizo que reflexionara, entonces decidió que si las plantas eran para él, iba a dejar que lo encontraran. La primera vez fue en el 98’ y luego llegaron  las ceremonias y la “búsqueda de la visión”, un compromiso que asumió durante ocho años en los que los días de ayuno se hicieron cada vez más extensos hasta completar treintaitrés. Y por último cuatro años de apoyo a sus compañeros de ruta en Uruguay, el lugar elegido para depurar el organismo y el alma rodeado del silencio respetuoso de los árboles.

-¿Qué buscabas a través de eso?

-Abrir el corazón, ser mejor persona. Conectar con los ancestros, con los elementos como el aire, el agua y el fuego. Es un camino sanador, potente. En la  tradición  se dice que cuando subes la montaña puedes cometer errores pero cuando llegas a la cima allí te encuentras con los abuelos, las plantas de poder y  una vez que tomas contactos con ellos, cambiás. Sos consciente de lo que hacés y lo que sos. Podes hacer cagadas en tu vida  al bajar la montaña pero ya eres consciente. Se camina con humildad, con sinceridad, con integridad y voluntad, se hacen rezos para hacerlo de esa forma.

-¿Y eso qué relación tiene con los cóndores de los que me hablabas antes?

-Tuve la suerte de conocer a Luis Jacome, que es quien preside la Fundación Bioandina. Es el  Director Técnico del Área de Conservación del Zoo de Buenos Aires. También es mi padrino. Hace un trabajo increíble para devolver al cóndor a sus lugares de origen, y para cuidarlos de los que los cazan o le ponen veneno. Todo este trabajo no se podría llevar a cabo sin la colaboración de la gente del lugar, que tiene una relación ancestral con el cóndor y  una cosmovisión. En septiembre vuelven  a liberar en Pailemán, cerca de San Antonio Oeste.

Gusti se enciende y le pone pasión a las palabras. Mueve sus manos, gesticula. Rodeados de edificios y autos, nuestras mentes viajan a  miles de kilómetros.

-Yo empecé a dibujar y hacía libros infantiles, y en Francia en una exhibición de vuelo de águilas me enamoré de ellas. Vi un hombre con el guante y dije que si volviera a nacer, me gustaría ser ese hombre. De repente, como si fuera una película, me encontré al año siguiente delante de mucha gente, volando las águilas. En un lugar del norte de Cantabria, en un parque de semi libertad que tienen las águilas, me hice muy amigo del pibe, un  tío de campo con el que conectamos, él trabajaba con una bióloga que estudia al águila harpía  en Sudamérica. Estudié mucho sobre aves, viajé, dibujé, mi biblioteca estaba llena de libros de águilas. Me entró como una sobredosis, las observaba en el campo. Pero un día entendí que las tenía que mirar de forma más espiritual, ahí fui a la selva.

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Atravesar la tormenta

-Yo era muy desconfiado hasta que un día me golpearon adentro y abrí, sentí que había una conexión, un gran espíritu que mira a los humanos y ve el camino que te toca, y si te toca, te toca. Y así a mí me tocó  un águila, que te ayuda en tu camino. Me metí en el camino del águila que es un camino muy guerrero, me metí ahí sin saber que toda esa preparación sería para poder recibir ayuda con Mallko. Tenemos que preguntarnos qué hacemos acá, no estamos para tener diplomas sino para tener experiencias en ésto que es la vida, se están tejiendo redes en todo el mundo, de conciencia, de amor. Cada uno tiene su tiempo de maduración, algunos lo entenderán más tarde o más temprano. La enseñanza de vida no está solo en los buenos momentos, también en los malos. No todo es luz, la luz existe porque hay oscuridad, no digo que tenés que pasar todo el tiempo por cosas chungas, pero hay que experimentar.

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Gusti comenzó a usar las redes sociales para difundir su trabajo y donde quiera que vaya cumple con su misión. Compartir el aprendizaje va más allá del simple intercambio de datos, porque las técnicas “las podés aprender con tutoriales”. Durante su visita a Buenos Aires fue invitado a dar una charla en la Facultad de Diseño de la Universidad de Buenos Aires. El auditorio, compuesto por mas de trescientos estudiantes que tal vez esperaban un encuentro más tradicional, conoció el proyecto que tiene a Mallko como protagonista.

El hombre que era ya no es. Dejó atrás la piel vieja y se transformó en otro que utiliza el arte, no sólo para contar la belleza del mundo sino para difundir su propia historia. Una historia que él decidió compartir porque tal vez hacerlo ayude a cambiar algo. Con el apoyo de la Fundación de Síndrome de Down de Barcelona, ha colaborado en otro libro que es una guía para padres, y en sus hojas estará impresa la esperanza.

-Es que están extinguiéndolos, hay un montón de padres que desde que saben que su hijo tendrá el Síndrome de Down abortan. A mí me preguntan el grado de atraso que tiene y eso no es lo que importa. Me dicen que no pueden hablar de muchas cosas porque no entienden, y si analizas cuantas pelotudeces decimos al día que podríamos ahorrarnos, deberíamos aprender más de ellos. Una vez me contaron esto en una ceremonia y está en la primera página del libro, dice así:

“En la tierra hace mucho, mucho tiempo había una tribu que vivía en paz y armonía,  y eso  al hombre le dio mucho miedo, y por eso empezó a encerrarlos hasta casi hacerlos desaparecer, entonces cada cientos de niños que nacen, viene un chico con Síndrome de Down para recordar la memoria ancestral de cómo vivían en la tierra”. Para mí ellos son maestros que hablan desde los sentimientos.

“La gente le tiene miedo al agua y se encorva, el hombre de campo no, deja que el agua lo moje, es un aprendizaje, no pasa nada. Tenés que pasar la tormenta. Vivirla aunque la vida sea dura” dice el hombre águila y emprende el vuelo que lo llevará a su tierra.

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Muy pronto “Mallko y Papá”

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La película fantástica del Universo Decur

La historia de Guillermo Decurgez podría ser el argumento de una película de Hollywood. Las locaciones estarían situadas en Arroyo Seco, muy cerca de Rosario, o tal vez deberían ubicarse en algún pueblo perdido de Ohio o Wiscounsin. Decur en un principio sería un hombre alienado que coloca una puerta de auto por minuto en General Motors, durante horas, días y años, y no ve demasiadas perspectivas de cambio. La tristeza se mete adentro como un gusano que lo corroe, le quita las ganas y torna su desánimo en depresión.

Cuando el cuerpo no aguanta más, se ve obligado a dejar atrás el mandato familiar de trabajar en la fábrica, para ganarse el sueldo en un ciber de la ciudad. Entonces, una noche como tantas ve en la tele a una persona con barba y lentes oscuros que se dedica a dibujar y siente el llamado de la vocación que lo levanta de la cama, porque casi había olvidado que era eso lo que le gustaba hacer de verdad.

Nuestro protagonista comienza a transitar el camino del héroe cuando sale de su letargo para correr a comprar libros y pinturas que lo ayudan a despertar y concebir con acrílicos los personajes de un universo paralelo que le salvarán la vida.

La película basada en hechos reales, continúa de forma vertiginosa. En cuatro años, Decur abrió un blog en donde comenzó a subir sus trabajos, llamó la atención de admiradores y colegas que apreciaron los delicados dibujos minúsculos, hasta que su nombre llegó a oídos de Daniel Divinsky, director de Ediciones de la Flor. Con ellos publicó su primer libro, Merci! Además apareció en revistas importantes como Fierro y Orsai.

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Tapa y sumario de Revista Fierro Nº 71

Infancia dibujada

Conozco la historia de Guillermo Decurgez a partir del momento en que se levanta de la cama y vuelve a dibujar, pero también me interesa saber de la etapa previa, del niño Decur. ¿Cómo te decían antes? ¿Cómo te llaman tus amigos?

-Antes, e inclusive ahora, me dicen “Temo”. Cuando era niño decía con dificultad mi nombre “Gui-temo” y la buena de mi hermana empezó a burlarse de ello, entonces, como me molestaba, me quedó “Temo”.

-¿Qué te gustaba dibujar a los 4, 5 años? ¿Qué recuerdos tenés sobre esa etapa de tu vida en Arroyo Seco? ¿Veías dibujitos? ¿Con qué jugabas?

-Me gustaba dibujar de todo. Justamente estos días estuve revisando cajones y me encontré con dibujos que ya había olvidado. Fue un momento feliz. Dibujaba mis salidas a pescar con carrito, también solía dibujar mucho a los personajes de la Family Game, como por ejemplo, Battletoads, Contra o Mario Bros. En los 90’ me hice fan de los dibujitos de Doug, muy fan. Jugaba mucho con ladrillitos de la marca Tente, la mejor de ese tiempo para mí. También tenía muñecos de Las Tortugas Ninjas y G.I. Joe.

-¿Te destacabas en el colegio por dibujar? ¿Había otra cosa que te gustara hacer? ¿Música? ¿Deportes? ¿¿Matemática??

-Además de dibujar, sí, deportes, menos fútbol, lo que sea. ¿Qué es Matemática?

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Estilo de juego

-Hay un estilo, un sello Decur, que aunque tiene alguna influencia de Liniers, se vuelve muy reconocible y por lo tanto único. Tenés un perfil romántico, melancólico y naif pero algunas veces hay cierta oscuridad que me resulta interesante ¿dejás que fluya? ¿Sentís que tenés total libertad para expresar esos sentimientos en las viñetas? ¿Por ejemplo, si estás enamorado, triste o enojado eso sale al exterior? ¿De qué manera?

-Si sos músico y te gusta Miles Davis es muy posible que a la hora de componer no escribas “Laura se te ve la tanga”. Desde que conocí el trabajo de Liniers, se me metió en la sangre y siento que me va a acompañar hasta que me muera. Con respecto a la libertad, sí, la tengo completamente cuando armo el libro para Ediciones de La Flor, por ejemplo. Pero no es la misma libertad que para Orsai, ya que hay ciertos y hermosos límites. De todas maneras, Orsai siempre me dejó jugar y meter muuuuucha parte de mi personalidad dentro de la revista, que vale aclarar y que es lo que siento, una de las mejores revistas del mundo. Suelo reflejar mi estado de ánimo con los colores.

En la muestra “Universo paralelo” que Decur inauguró en Galería Mar Dulce el 9 de marzo, se puede ver un recorrido por sus cuadros y las distintas épocas por las que pasó su estado de ánimo. Algunos un tanto lúgubres y nostálgicos, otros más luminosos, respiran una narración diferente. En uno de ellos, conviven seres inanimados con animales vestidos, extraños y sonrientes, nubes con sombrero de casita y cuerpos musculosos, teteras con ojos y panes que caminan por la mesa, invitados a tomar el té o quizás a ser comidos.  El surrealismo feliz es el resultado de su imaginación combinado con horas y horas de trabajo concentrado y minucioso desde el escritorio circular que construyó aún antes de saber que sería la base de operaciones para viajar a su inconsciente.

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Cuadro perteneciente a la muestra “Universo Paralelo”

-¿Qué técnicas usas y cuál es la que más te gusta? ¿Acrílicos? ¿Dibujas con Wacom? ¿Preferís lo analógico a lo digital?

-Acrílicos y acuarela es lo que más me gusta, pero desconozco muchas técnicas. No dudo que aparezcan nuevos romances… Wacom fue un romance pasajero, que puede volver, pero no todavía.

-Los dibujos remiten a otros años, autos antiguos, caballeros y damas, tu gusto por el mobiliario, las bibliotecas, el secreter… ¿tienen alguna explicación, te lo planteaste al empezar a dibujarlos? ¿Sentís que pertenecés a otra época?

-Esto viene de chico, me gustaban los muebles antiguos y los cajones, pero no cualquier cajón, sino, los chiquitos, mientras más chiquitos, más era la duda de qué cabría en ellos. Seguramente cosas de valor. De valor para mí, para un niño, como por ejemplo las piezas de un robot gigante que nunca construiré. Hay un mueble en especial, son conocidos como “escritorios con persiana” o “secreter”. Son los que más me gusta dibujar, son los que más cosas me transmiten, son los que más cajoncitos tienen y bueno, hoy en día, Secreter es mi personaje principal. Este mismo mueble, me lleva directamente a su época, en donde las cartas se escribían a mano, en donde sacar una foto era un acontecimiento importante, etc… La verdad que no sabría responderte a la pregunta de si siento que pertenezco a otra época, lo que sí puedo decirte, es que los elementos antiguos me llevan a ella.

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Conceptual Incomprensible, de Liniers, dibujada por Decur para la contratapa de La Nación

-¿Qué te gusta hacer cuando no dibujas? ¿Lees? ¿Qué clase de libros te atrapan? ¿Mirás cine, series?  -Cuando no dibujo, una de las cosas que más me gusta hacer, es salir a caminar. También mirar películas, muchas repetidas y algunas nuevas. Me atrapa todo Miyazaki por ejemplo. De inspiración me sirve todo.

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Tiempo de aprender 

El otro día escuchaba al actor y director Osqui Guzmán que contaba sobre su padre, de origen muy humilde que no le habló durante tres años cuando supo que él se dedicaría a la actuación pero que le pidió perdón al verlo actuar, porque recién ahí lo entendió. Leí que tu viejo fue albañil, ¿cómo tomó que después de ayudarlo a él y trabajar en la fábrica y en el ciber te dedicaras al dibujo? ¿Tu familia lo entendió? ¿Cómo es tu relación con ellos?

-Mi viejo trabajó toda su vida como obrero en distintas fábricas. Cuando volvía de ellas, hacía changas para que haya un peso más en la familia. Por eso, hacía de todo, desde albañilería hasta arreglar cañerías, canillas o lo que sea. A los 15 años le dije que no quería ir más a la escuela y me dijo: …ok, pero vas a tener que venir a trabajar conmigo y eso hice. Trabajé con él desde los 15 a los 20 y después entré en la fábrica General Motors “ARBEIT MACHT FREI”. Duré 4 años y me echaron porque me agarré doble hernia de disco y “no pudieron” encontrarme un lugar, tuve mucha suerte de que no me lo hayan encontrado.

Luego de la fábrica, me puse a estudiar diseño, pero me hincharon las pelotas con la tipografía y la vida de Piet Mondrian, duré un año. Luego, vino el ciber 2008-2009, en estos años sentí que ponía mi vida en los rieles de la vía, me agarró depresión. Me levantaba para atender el ciber y me volvía a acostar… Me sirvió para comprobar eso de “los amigos”. Descubrí que es difícil compartir una pena, es mucho más aceptable la risa y el “pasarla bien”. Mandé a cagar a más de uno…

Obviamente mi familia no lo entendió, pero no les quedó otra. Mi decisión era inquebrantable, dibujar o morir. El tiempo trajo cosas hermosas y ellos, de a poco, fueron comprendiendo.

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-¿Qué sentís que aprendiste de en estos años de despegue? ¿Quiénes fueron tus referentes y amigos? –además de Liniers, claro- El oficio de dibujante suele ser bastante solitario, y supongo que más en Arroyo Seco ¿tenés amigos dentro de la profesión?

-En estos años de despegue, descubrí que no todo es color de rosa, que hay dibujantes a los que les molesta mucho encontrar similitudes o influencias y también, descubrí la más grande generosidad y amistad de la que podía imaginar. La generosidad de los grandes. Liniers, Alberto Montt, Netomancia, Max Cachimba, Juan Sáenz Valiente, Jorge González, Tute. Dentro de la profesión encontré gente maravillosa; Daniel Divinsky, Kuki Miller (la gente de Ediciones de La Flor) Netomancia (escritor de puta madre) Dalma Longo, Pablo Sapia (escultor de puta madre) Cristian Turdera, Severi, la gente de Orsai.

-¿Cómo ves el panorama de la historieta en Argentina? ¿Se puede vivir de dibujar o son muy pocos los afortunados? -El panorama es excelente. El auge que tiene tanto la historieta, como la ilustración es increíble. Pero todavía falta bastante. Cuesta mucho vivir de esto, hay veces que se siente como remar en arena. De todas maneras, ¡remar en arena saca buenos músculos! No me gusta la palabra “afortunados”. Por ejemplo, Messi no es un “afortunado”. Cada quién está en donde quiso estar y donde tiene que estar. Por lo menos, así lo veo yo.

-¿Qué te dejó la experiencia Orsai?

-Ufff… fue y es increíble. Lo más lindo de trabajar con ellos, fue precisamente eso, trabajar con ellos. Siento que confiaron en lo que hago y eso me dio mucho más ánimo para seguir remando. Una cosa MUY bella que me dejó la experiencia Orsai, fue ver a Chiri y María, (jefe de redacción y directora de arte de la revista) además de viajar desde Buenos Aires para presenciar mi muestra en Arroyo Seco, hicieron 300 kilómetros y pusieron el auto a 180 por hora, para poder llegar a horario. Eso es amistad, eso es amor, eso es dar ánimo. Por otro lado, fue hermoso haber publicado todas las portadas de 2012 y dos notas, “Las Larvas” de Abelardo Castillo y otra para “Los Polgar”.

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Tapa de Revista Número 7 de Orsai

-¿Cuáles son los proyectos para 2013? ¿Se viene un nuevo libro con Ediciones de la Flor?

-¡Así es! el libro se llama “¡Pipí cucú!” y va a presentarse en la feria del libro en Buenos Aires. Se viene algo MUY lindo junto a Liniers, ¡es sorpresa! Estoy pintando mi tercer libro para una editorial Europea. Se vienen algunas cositas hermosas con los chicos de Monoblock. En la feria del libro sale un libro ilustrado por mí y dos dibujantes más, junto a la gente de Pequeño Editor, el libro se llama “Cuentos del globo 3”.

Viajo a Chile este 8 de mayo a inaugurar mi muestra, en PLOP Galería. Y a finales de año, a Uruguay, a la feria del libro. Sale un hermoso juego de mesa, con mis ilustraciones, con la empresa de juegos Maldón. A mediados de año habrá una muestra con todo lo que hice para la revista Orsai. Y más cosas, que no puedo decir, porque están verdes.

cigarra

Pipí-cucú 6

-Si tuvieras que hablarle a gente que está como vos, al Decur triste que eras hace unos años, ¿qué le dirías?

-¡Les diría que están hasta las manos! jaja, no broma. Esto que voy a decir puede sonar un poco duro. Pero creo que es lo que me hubiese gustado que me dijeran a mí cuando estaba como estaba. Primero: ¿Qué es lo que querés? Segundo: ¿Qué estás haciendo para hacer eso que querés? Aprende de lo que hicieron los demás y preguntate, ¿estoy haciendo eso o algo parecido a eso? ¿Le dedicás todo el tiempo que podes? Hay mucha gente hermosa que te va a dar una mano. Y los que no te ayuden… te harán más fuerte.

El universo fantástico y detallista de Decur se extiende y crece dentro de su imaginación para conectarse con  personas que disfrutan del arte. Atrás quedó la depresión, adelante, lo incierto y asombroso del guión de una película que él escribe todos los días.  

Decur en Bolivia

Foto de su paso por Bolivia con la muestra Merci! (2012) 

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Juan Sáenz Valiente “Me encanta hablar de mí”

Es historietista, ilustrador y animador. En 2004 dibujó Sarna, (“Memoire D’une Vermine”) con guion de Carlos Trillo que se publicó en Francia y en Argentina. Colaboró en el libro Arte y técnica de la animación, realizado por su padre, Rodolfo Sáenz Valiente. Formó parte, junto a Pedro Mairal, de la serie Impreso en Argentina que se emitió por Canal Encuentro, en la que los libros tomaban formato de historieta.

También ilustró “El Hipnotizador” con guión de Pablo De Santis y participa en la revista Orsai.

ImagenIlustración sin título de la muestra “Más allá de la Ricchieri”

Juan Sáenz Valiente abre la puerta de su enorme casa palermitana y me recibe Patricio Hadouken, el perro negro que lo acompaña a todos lados y que por pocos segundos cumple la función de guardián mientras mueve la cola.  Las escaleras de madera del petit hotel remodelado guardan la memoria de otras épocas, es que en 1983 su padre compró el edificio arruinado y montó una productora de animación. Ahora conviven dos tiempos y desde la vitrina, los muñecos guardados sonríen estáticos.

Era chico Juan cuando se metía en esos cuartos llenos de tableros y dibujantes que trabajaban con stop motion, grúas y escenografías. Todavía se puede ver una antigua máquina construida a mano con la que filmaban animaciones. Rodolfo, como un mago que revela sus secretos, le contaba los trucos que él veía en la tele. Mientras tanto, él observaba, aprendía y dibujaba.

El ilustrador recuerda a su padre y cuenta orgulloso que él fue responsable de varias publicidades durante los 80’ y 90’, entre ellas, la animación del diablo de Orbis y el conejito de Nesquik pero cuando el 3D se puso de moda, la magia se hizo digital y lo dejó sin laburo, así que continuó su carrera como profesor titular en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires y se dedicó a sus proyectos más experimentales.

Para entonces, Juan era un hijo de padres separados, con dos casas y bastante libertad, fascinado por el mundo de la animación.

-Era animación para publicidad pero más experimental, era un lugar como canchero, onda Michel Gondry, de los 80’ ese que hizo todos esos videoclips raros o la película “Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos”. O videos como el de los Chemical Brothers que hay uno que es una vista de un tren, bueno, esa onda, mucho hippie.

Me acuerdo venir de pendejo, había tipos con pelo largo, campera de cuero, mucha joda. Estaba Pucho Mentasti, el que hizo el video de Matador, con él hicieron Boro Boro, que era una serie con Pipo Cipolatti y Carolina Peleritti, que duró muy poco. Esa gente venía a la casa medio en ruinas. Mi viejo le prestaba la parte de abajo a un tipo que hacía muñecos, el que diseñó los Muvis, Leandro Panetta, que fue después fue el director artístico del Parque de la Costa, el que inventó a Cara de Barro y esos personajes. Todo el tiempo estaban modelando, había muñecos, gente dibujando, escenografías…

-Imposible no contagiarte ganas de hacer esas cosas.

-Era un mundo de juguete y efímero, porque hacían las cosas y se iban. Mi viejo tenía la biblioteca llena de libros, muchos de imágenes. Recién cuando se murió y tuve que vaciar la casa encontré cajas con cosas de la época en que se había separado con mi vieja, en el 83’ y nunca se habían abierto. Encontré libros de ocultismo, de tarot, él me había dicho que sabía un poco de tarot, me dijo un día te voy a contar y no me contó nada. De repente me encontré con toda una vida de lectura más la que yo me debía a mí, pero no voy a leer todo lo que leyó él.

-Claro, tenés que diferenciarte.

-Por eso dibujo historietas, mi viejo había experimentado con todo, animación, cine, ilustración, dibujo, fotografía. Acá -señala la cocina- tenía un cuarto oscuro para revelar las fotos. La historieta era el único rinconcito virgen del apellido en el que me podía sentir seguro. Entonces dije, listo, perfecto.

Él tenía libros que estaban ahí por el criterio de la imagen, eran de consulta. Tenías un Tintín, un Lucky Luke, y al lado capaz una revista pornográfica de mulatas, mi viejo decía mirá que interesante la cruza entre un negro y un blanco, no era una cosa babosa o morbosa, era analizar cómo eran los rasgos. Había libros de Manara, libros infantiles, de ilustración, de pintura, de Miguel Ángel, yo tenía el universo ahí sin censura. Había muchos libros de Moebius, el dibujante francés. Yo empecé leyendo esos porque eran mudos, yo tenía 4 o 5 y miraba esas historietas que eran de vanguardia, rarísimas, de los 70’.

-Hablemos de tu mamá.

-Mi vieja es arquitecta pero se cansó y ahora se dedica a la literatura y a la música contemporánea, hace video-arte. Su nombre es Beatriz Sedler, está viviendo en Uruguay, sola en el campo y se inspira. Yo no la entendía hasta que la vi encargarse de la refacción de esta casa, vi lo que era una mujer dirigiendo. En un momento eran 35, 40 hombres entre albañiles, plomeros, herreros, mi vieja era una fiera, una leona, resolviendo todo.

Escribe cosas muy raras, como palabras sueltas y publicó un par de libros. Está en un mundo editorial pequeño, no escribe a lo Bucay. Ella me complementó, mi viejo fue impecable en el sentido de la técnica, mi vieja me enseñó la disciplina y la parte sensible, el lado femenino que todos tenemos.

-¿Llorás con las películas de animación?

-Lloré mucho con Jurasic Park, yo no lloraba con las películas. Mi padrino me contó que, a los 60 años, dijo “basta de hacerme el duro, estoy conteniendo la emoción, me voy a permitir llorar como un niño cuando vea una película que me emocione”.  Yo dije que bueno, no quiero llegar a esa edad para que me pase eso, tendría 17, 18 años. Entonces vi Cinema Paradiso, cuando aparece esa escena de los besos, ya venía cargando la  emoción, ya estaba sintiendo el nudo en la garganta y aparece mi vieja que me dice: Hola Juan, ¿querés algo de merendar?

Rebobiné y ya no pude llorar, pasó el tiempo. Y de repente aparecieron las películas en 3D, la primera importante fue Terminator 2. Mi viejo siempre me había entrenado para analizar las películas con efectos especiales y me explicaba como hacían la escena. Yo estaba entrenado para ver cómo podía resolver cada situación, con vidrio pintado, con chroma key, siempre había un montón de recursos.

Por esa época yo quería hacer una historieta de terror y quería ver cómo habían resuelto eso de estar encerrados en una isla con bichos que los persiguen. Pasa media hora y no aparece nada, te van preparando, hay tensión y están en el jeep con la nenita que agarra una hoja enorme, y el tipo mira por la ventana y se asombra. Vos no ves como espectador que está mirando. Ella se levanta por el techo del auto y él le agarra la cabeza, la gira y y de repente muestran y hay unos dinosaurios enormes… está toda la carne al asador. Hay dinosaurios tomando agua, pterodáctilos volando, y todo ese mundo en 3D al servicio de la fascinación. Steven Spielberg dijo quiero dinosaurios vivos, era un capricho, una inocencia feliz, se nota la alegría y la impronta del niño. Se me abrió todo un mundo de posibilidades, y me inundó la felicidad Spielberg y lloré.ImagenIlustración sin título de la muestra “Más allá de la Ricchieri”

Ilustraciones,  técnicas y Angoulême

-¿Estás usando sólo la wacom para dibujar? ¿Dejaste atrás lo analógico?

-Es lo mismo que hoy con el Word, estás acostumbrado a hacer copy-paste, un montón de enroques y frases, y darle un franeleo al texto, que hoy en día a mano no sé si lo haces. Es lo mismo, yo para dibujar, antes lo que hacía era dibujar, lo escaneaba y lo retocaba a mano. Lo deformaba acá y allá y me pasó que me empecé a enviciar, terminaba haciendo un dibujo con una lista larga de lo que tenía que hacerle, todas las correcciones. Entonces ahora cuando dibujo voy modificando lo que hago en el momento, le cambio el fondo, agrando, achico, deformo. Eso que me queda terminado es el planteo, puedo darle un acabado digital o imprimirlo y llevar al papel, hoy en día lo orgánico todavía no fue igualado en la compu, las pinceladas del óleo en el papel todavía no se igualan en el terreno digital.

Lo hago según la historia o lo que exija el dibujo.

-Le das más importancia al tema de contar una historia, antes que a los dibujos.

-Claro, hay historias que pueden ser contadas como historieta, otras que son para otro formato.

-¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Ahora estoy con una historieta que es de un detective pero no es un policial. Estuve entrevistando un detective en serio, es el papá de un amigo de un amigo que me está contando un montón de historias interesantes. Se trata de un detective que sigue a una bailarina que va a bailar al Delta, la empieza a investigar y se engancha con ese mundo diferente. No hay romance, no quería caer en la típica de un hombre y una mujer que se conocen y terminan garchando. Prefiero que quede así, estoy apuntando a que no quede así o como una cosa reprimida. Si veo que está reprimido los hago garchar y listo.

Me surgió la idea a partir de pensar cómo sería una historieta de detective hoy. Busqué por todos lados hasta que un amigo me dijo, el papá de un amigo es detective, enseguida se copó. Hice como Tintín, trabajo de investigación.

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Página 36 de la historieta del detective, “La sudestada”

Lo divertido es que le presenté a mi editora y le dije, hoy los detectives no son como en los libros clásicos, esos policiales como los clásicos, como Philip Marlowe. Y me dijo, mi marido es detective. Así que le gustó el proyecto y compró enseguida. Ella es una editora franco-belga pero me dejó libre los derechos para que lo publique acá.

-¿Cómo llegaste a ella?

-En Angoulême, fui a un festival en un pueblito de Francia, que es el festival más grande de historietas, y es raro, es como decirte que está de acá a Balcarce, a tres horas de Paris en tren, en un pueblito de mierda, en una montaña, perdido, muy lindo. Lo hacen el 28 de enero y se llena, van de todos lados del mundo.

Le pregunté al presidente del festival porque lo hacen en una época en la que hace tanto frío, y me dijo que la gente no tiene nada que hacer y va. Es raro, acá la gente no sale pero allá se llena.

En 2003  yo quería ir a Europa de viaje, a conocer y quería llevar cosas para mostrar a las editoriales. Me acuerdo que lo llamé a Eduardo Orenstein, el dueño del Rayo Rojo para desearle feliz navidad, y le conté que iba a ir y me dijo que si iba en febrero me iba a perder Angoulême que es importante para los contactos y el desarrollo profesional, así que cambié el pasaje.

El festival no está en un galpón, porque no tienen lugar, sino que está disperso por todo el pueblo. Fui con el contacto de una editora que él conocía y llevé mi carpeta con los proyectos. Allá y no entendía nada, apenas hablaba francés. Me meto en una carpa blanca que decía Ciruelo, y estaba un argentino, cara de indio precolombino, con un pelado, era Jorge González que después me vio perdido y me ofreció que lo acompañara a mostrar el trabajo a otros editores.

Cada carpa es como la feria del Libro, hay stands pero a diferencia hay un costado con una cola para autores. Entramos en una especie de barcito, en donde los editores miraban con detenimiento el trabajo y te hacían una devolución. “Esto está mal dibujado o tiene error de perspectiva, te agradecemos por tu trabajo pero no, gracias”. Está buenísimo que hagan eso, y a Jorge también, lo rebotaron, yo quedé hecho pelota pero él ya estaba preparado para eso. Él tenía todo el cronograma armado, así que nos ayudamos, yo sabía un poco de francés y yo lo introducía pero él me salvó porque no cazaba una de donde carajo estaba.  Finalmente fui con la editora que le gustó lo mío, y fue con la que hice mi primer libro con Trillo que se llamó Sarna. Se terminó editando acá antes que allá, porque apareció una editorial de la nada y lo publicó.

El festival de Angouleme reúne todos los años cerca de 200 mil personas, y desde 1974 reúne a los autores, editores y público en general que disfruta del evento. Además se dan premios a las mejores historietas, en 14 categorías. Juan fue nominado al premio Decoincer La Bulle, por las ilustraciones de Sarna como mejor dibujante joven de historieta.

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Página 1 de “Sarna” con guión de Trillo

Del vértigo de la tabla a la creación de las ideas

 -¿Qué deportes practicás? ¿Hace mucho que los hacés?

-Uso una tabla que se llama streetboard, es articulada, cada pie se mueve en una plataforma individual, unidas a su vez al medio por una tabla y los pies van agarrados. Si te caes te la re ponés. Yo la uso en la rampa, podés saltar y hacer cualquier cosa y viene con vos. Empecé a los 15, después de golpearte varias veces mal, aprendés.

Es mi hobby, no me es rentable pero lo hago mucho y me divierte. Participé de eventos por mis propios medios, nunca me pagaron un viaje. Esta patineta es poco común, en el mundo no la hace casi nadie. En Argentina no se consiguen, si querés hacerlo tenés que pedirte una tabla de afuera. En el mundo somos muy pocos los que lo practicamos, en el último mundial que fue en Shangai eran 20 personas y son amigos todos.

Yo le hago el aguante a full, tengo a todos el Facebook, es un concepto de gran familia, es como una hermandad. Esto tiene un límite de edad, yo estoy en el ocaso, después de los 40 no sé si puedo rendir a full. Con el dibujo voy creciendo, pero hay mucha tensión, más sufrimiento, con ésto me divierto. Antes hice gimnasia artística y saltos ornamentales, hice judo una vez, pero me gustan las actividades en las que compito contra mí mismo.

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Frontside Indy

-¿Tenes alguna teoría en la que crees?

Todo es retroalimentación, Boom boom Kid, dice “La vida es una rueda, tu recibes lo que des”. Siento que lo que uno hace tiene que hacer bien. Si haces algo bien, recibís bien, podés hacer algo grasa, agresivo, puede ser algo muy fuerte como las películas de Scorsese, no digo que todos tengan que hacer Mi Pequeño Pony, no hay que confundir con la cosa naif o ingenua. Pero hay gente que hace cosas trash, capricho intelectual que no te lleva a nada, una especie de diálogo con su ombligo que no te hace crecer.

Creo que primero hay que entretener, algo que distienda, que puedas disfrutar. Puede ser cualquier cosa, una vez que entretenés, después tenés que dejar algo. Una vez lo escuché a Jodorosky que dijo que todo lo que hacemos tiene que ayudar a elevar la conciencia. Él dice, mi finalidad en la vida es que nazcan mutantes, que la humanidad cambie, entonces me di cuenta que para eso debo hacer un arte que desarrolle el nivel de conciencia.  Me encantó y dije, se lo voy a copiar.

Yo tuve la oportunidad de hablar con él y le dije que con mis historietas quiero ayudar a desarrollar el nivel de conciencia, me miró como extrañado y me dijo, primero hay que entretener al lector.

Eso me hace bien. Quiero primero garantizarme de mantener todo lo que tengo de responsabilidad técnica, con mi trabajo por ahora me mantengo a mí, pero si tuviera un hijo, o lo que sea, tengo que priorizar eso. Si logro eso tengo que pasar a hacerlo de tal manera que haga bien y para eso tengo que estar yo bien. Y después, hacer lo que se me cante el culo, porque si yo estoy bien se me van a cantar cosas que no están enfermas. Si están en ese orden escalonado, van a salir cosas buenas.

-¿Pero si estás triste no podés sacar eso?

-Sí, pero tengo que buscar que la catarsis cobre un sentido positivo. No hay que negar la tristeza, obviamente puede aparecer eso. Es como el Yin y el Yang. Tengo que buscar la forma de complementarlo, no de oponerlo. Cuando te encontrás gente a la que lo que hiciste, le hizo bien, ahí valió todo. No es lo mismo cuando vas a ver a Bon Jovi, la historieta es distinta porque no ves la reacción, pero cuando te comentan, es la parte más linda.

-¿Te inspirás con algo? (Suena a droga), me refiero a literatura, música.

-Si, con todo eso, pero no es que digo, a las 5.10 me inspiro y las 6 sale algo. Cuánto más mame, obviamente que la búsqueda depende de cada uno. Yo tengo un amigo dibujante que laburaba en una fábrica de resortes. Y un día agarré su cuaderno y había hecho dibujos todos con resortes, como las vueltas de la vida, se llama Héctor Zerda. No hay un condicionante, que hay que inspirarse en la literatura en los videos de Youtube, puede ser un videojuegos, un sacacorcho, no hay leyes de nada, lo importante es ser inquieto y laburar mucho, cuanto más laburas, más te viene la inspiración, hay que entrenar la búsqueda.

-¿Cuándo hacés streetboarding se te ocurren ideas?

Con el streetboard terminé conociendo cosas rarísimas. Últimamente estamos yendo a patinar a Mataderos, a un parque público, estás en un lugar que nada que ver y con la cabeza dando vueltas y ahí te baja la inspiración, tal vez estás acá y no lo llegás a dilucidar, que dibujando, viendo videos, Facebook o películas.

-También leí que te inspirás en sueños.

– Yo vi una entrevista a Hitchcock, en un libro que se llama Conversaciones con Hitchcock que se la hizo Trouffaut, en donde cuenta que a un amigo se le ocurrían las mejores ideas en los sueños, entonces un día agarró un cuaderno y anotó el sueño, al otro día se levantó y la leyó y decía, “un hombre se enamora de una mujer”. Lo dijo como descartando la idea de que en los sueños pueden aparecer ideas. Pero a mí me vinieron un montón de ideas, pese a Hitchcock y a Trouffaut, ideas lógicas. Más que todo con climas, no es algo muy racional, la deformidad de la escena. Muchas veces pasa que tenés información que no entendés por qué pero la sabés, y está buenísima, quizás te dispara otra cosa. Sueño mucho con música y con temas, y uno de los que viven conmigo, Axel, es músico así que le estamos dando forma. Yo le digo la melodía y él le pone onda con el bajo.

H70Página 70 de la historieta “Norton Gutierrez y el collar de Emma Tzampak”

Trabajar de dibujante

-¿Se puede vivir del dibujo?

-Como dibujante hay mucho laburo siempre, no es como con los músicos que la pegas o no la pegas. Si no la pegás capaz podés hacerlo de una forma más bohemia y trabajar en publicidad. En el dibujo siempre la vas a pilotear, siempre hay laburo en story board, haciendo ilustraciones en cuentos para chicos, o para afuera.

Todos los que son más o menos buenos siempre pegan laburo pero tampoco se hacen millonarios. Ahora haciendo historieta es más jodido, nadie vive de eso acá, las de Telam empezaron a pagar bien. La revista Fierro es popular y vende un montón, la Orsai le da también bola a la historieta.

Pero el mercado es muy pequeño, es lógico que pase. No somos tan buenos acá como para mantener una industria que nos dé a leer. Acá hay 5, 6 buenos. Hay 80 títulos publicados por año y la mayoría son malos. De acá me gusta mucho Minaverry, Lucas Nine, Jorge González, Muñoz, BerliacEd CarosiaCarlos Nine.

Está Gustavo Sala, pero hace cosas muy cortas. Para la cantidad de dibujantes que hay son muchos. En Francia hay 5800 títulos por año, y abastecen a Bélgica, Canadá, tienen autores que me encantan, manejan otros números.

Hay gente que se mete en publicidad. Todos en algún momento tuvimos que prostituirnos, pero espero no tener que hacerlo. El hecho de lidiar con creativos.

-Yo soy dibujante y ¿vos qué sos? –cambia la voz y se responde:

-Creativo…

Tipos que creen que son unos iluminados, suelen ser tipos pendejos de 19 años que piensan que la pegaron y están ahí, sentados en un puff, descalzos. A mí me ha tocado lidiar con ellos, hacer story boards. Vas a ver al creativo todo despeinado con barba de cinco días:

-Sí, yo lo que flasheo es una pradera muy power, ¿viste?

-Como los de Cualca.

-Si tal cual. Así que en lo posible trato de evitar la publicidad. A veces pasa que necesitás plata y en la publicidad se cobra bastante bien en poco tiempo, de manera insalubre.

-¿Qué te dejó la experiencia Orsai y trabajar con Alfredo Casero?

Lo de Orsai estuvo buenísimo, me sentí muy cuidado como autor, bien pago el laburo y hay una relación fluida y un diálogo de ida y vuelta con el editor y el diseñador gráfico. No es que cada uno hace lo suyo y todo se junta como un rompecabezas. Trabajar con Casero fue buenísimo, fue un experimento muy raro, era obvio que algunas cosas iban a salir más flojas que otras, pero fue una manera de trabajar loca. Es divertido todo lo que propone Orsai, somos una revolución de la que somos parte.

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Página 1 de “Fally Farson” con guión de Alfredo Casero

En el video se puede ver la forma de trabajar.

No tengo idea de cómo seguirá, cómo se va a desarrollar el mercado editorial,  si va a existir el papel. Yo me pregunto si es una necesidad como formato o un gusto fetichista. Yo necesito los libros, no puedo leer en pantalla pero no sé si es algo como romántico del papel, el olor, o es que el formato lo necesita. Para ver una historieta en pantalla, es mejor verla animada, igual no sé hasta qué punto es una limitación mía.

Una pantalla es para una película, la gracia del libro es papel que no se puede alterar. Es como decir que la película es más trucha que la vida real porque no está en 3D, no tiene olores. El libro funciona en el papel.

-Se creó un “debate” entre los dibujantes a partir de que escribiste en tu blog http://juansaenzvaliente.blogspot.com.ar/2012/12/no-gracias.html que no vas a dibujar más gratis en publicaciones y eventos. ¿Cuál fue el motivo?

-Un poco lo que aclaró Lucas Nine, si te ofrecen un laburo y no podés agarrarlo, no está mal decir que no. Cuando te llaman y te dicen que necesitan algo para mañana, decís, no puedo, te puedo recomendar a alguien. Pero si te dicen, “¿no te copas en hacer un dibujito?”, quedas como un sorete, es muy difícil decirle que no. Pasa que de repente se transformó como un parámetro aceptado que se puede manguear dibujos, no le vas a manguear una sesión gratis a un médico o un psicólogo. Viene el doctor a tu casa a cenar y no le vas a decir, che, atendeme acá. A mí me cuesta un montón hacer dibujos, y el año pasado me pidieron muchos, y como no tenía tanto tiempo terminé haciendo dibujos que no me gustaban. Éste año hice el cálculo de lo que tengo que hacer, y entre las contratapas de Orsai, quiero seguir haciendo cosas con Casero, el libro del detective, terminar un libro que estoy por publicar de aventuras en una editorial de España, y un proyecto chiquito; hice un cronograma y tendría que dibujar todos los días para llegar. Estoy justo con el tiempo. Tardo porque además me cuesta, empiezo a dibujar y digo, tengo que hacer las compras, tengo que arreglar ésto y termino haciendo todo a última hora y laburando toda la noche sin dormir. Es un tema de tiempo.

Por un año me voy a ortivar, no es que no se regala el laburo, si quieren algunos de los dibujos que tengo hechos, yo los dono, no tengo problema.  Yo sabía que mis amigos me iban a bardear, publicaron una foto mía en una pileta de un amigo en Puerto Madero. Pero si lo aviso me siento más tranquilo, me dicen algo y mando el link.

La mitad son proyectos que quiero hacer, el que estoy haciendo me pagan dos mangos, muchas son inversiones que ocupan mi tiempo y estoy entusiasmado. El quilombo es que te saca de clima de lo otro. El de detectives, son 120 páginas, tengo todo el guión hecho y estoy en la mitad del story board.

-Tenés un montón de proyectos para concretar este año. Y en el medio vengo yo y te hago una entrevista.

-No está buenísimo, me encanta hablar de mí.

-Ese es un re buen título. “Me encanta hablar de mí”.

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