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Tute: “Soy un cantautor que no canta”

Tute es Juan Matías Loiseau. De Matías a Matute, bastan tres pasos para que la deformación cariñosa del nombre identifique a uno de los mejores dibujantes argentinos que el próximo año piensa festejar sus veinte años con el humor. Lo hará cerca de la fecha de su primera publicación oficial, pero la semilla del dibujo comenzó a sembrarse mucho antes, cuando apenas alcanzaba la altura de la mesa de trabajo en la que su papá Carlos Loiseau (Caloi), todos los días le daba vida a Clemente.

O quizás, la pasión es todavía más temprana, porque estaba escrito en sus genes que el hijo de un humorista gráfico y una artista plástica tomaría la posta del lápiz y resignificaría la tarea con vuelo propio.

Tute

El departamento de San Telmo con patio cerrado -dice- ya les queda chico. Entre sus proyectos, está el de mudarse a zona sur para alejarse del hormiguero de la capital.  Aunque la infancia de sus hijos sea muy diferente a la que él tuvo en José Marmol, volver a zona sur es una forma de conectarse otra vez con la impronta barrial. Escaleras arriba, suena el volumen alto de un canal infantil. Su mujer, Pilar, más tarde aparecerá con Olivia, la beba sonriente que hace cinco meses vino a completar el ensamble perfecto de la familia actual que conjuga “los tuyos, los míos y los nuestros”.

Es alto Tute. Debe medir más de metro ochenta y su herencia física es innegable. Es que Caloi lo marcó en varios aspectos, no sólo en la vocación artística que se disparó a otros ámbitos más allá del dibujo, sino también en cierta actitud corporal. Las fotos de archivo muestran una similitud en la pose arrabalera y la mirada a cámara, la réplica de ojos oscuros, la continuación espejada del ADN que sobrevive a la muerte.

 Dios

20 años es mucho

-¿Si tuvieras que poner momentos importantes de estos veinte años, que se te viene a la cabeza?

-El primer laburo en un diario es importante. Mi desembarco en la primera plana nacional, eso fue una gran alegría. Además, que ese espacio me lo gané por un concurso, la gente tenía que votar.

El concurso era en el diario La Prensa y le permitió empezar a publicar con regularidad. Fue, según él, su ensayo de humorista gráfico diario y no le pesó el nombre, porque ni siquiera contó de dónde provenía. Nunca tuvo la necesidad de decirlo, ni se lo preguntaron, no hizo falta. Después continuó en El expreso Diario, y de ahí La Nación, entró a la revista a fines de diciembre del 98’, y al siguiente año sumó al diario.

También se acuerda del impacto grande que fue empezar la escuela de Garaycochea, conocer a Ferro y encontrarse con pares, gente con las mismas inquietudes, “con el mismo “berretín”.

Eso fue a  los diecisiete o dieciocho. Antes, en la escuela era el que dibujaba, el autodidacta que aprendía mientras copiaba dibujos de otros, salvo que esos otros eran por ejemplo, Quino, Caloi y Fontanarrosa. Por eso cuando llegó a la escuela con su carpeta, Garaycochea lo puso en segundo año.

Bastante contento

Influencias y homenajes

-¿Hubo algún momento de rebeldía de no querer parecerte a tu papá?

-En un momento se me hizo pesada la influencia grande que tenía en cuanto a lo estilístico. Entonces hice un intento fallido por dejar de parecerme, fue doblemente fallido porque por un lado si bien lo que produje fue un dibujo muy distinto al de él, también era muy distinto al mío. Estaba irreconocible incluso para mí, fue un movimiento torpe. Esos procesos son lentos, demandan lo que deban demandar y hay que tener paciencia. Si uno se toma este trabajo en serio y persevera, se va encontrando a sí mismo.

La otra vez me mandaron la página del 99’ o 2000, y no tiene nada que ver con lo que hago. Era un pibito, parecerme a mi viejo me daba seguridad, porque funcionaba, era alguien además a quien admiraba artísticamente. Después me empecé a encontrar con mis propios intereses, diferencias, algunas similitudes que aún conservo pero ya dicho desde mi propia voz, de esa manera salen mis personajes.

Desde su muerte en mayo de 2012, la figura de Caloi fue recordada por amigos, compañeros y público que lo homenajeó de varias maneras. En el Paseo de la Historieta se inauguró una escultura de Clemente sentada en un tablón, con la leyenda que lo hizo tan popular durante los mundiales. “Tiren papelitos muchachos” y es inevitable imaginarlo en la voz cascada que Pelusa Suero hacía para la tele. Hace poco inauguraron un jardín en Tigre y le pusieron Caloi.

Tute no siente la necesidad de hacer un homenaje artístico.

-El que se murió fue mi papá y no Caloi, él es un gran artista a quien admiré muchísimo y aprendí, pero no siento que él pueda llegar a  esperar de mí un homenaje. Él estaba orgulloso de mí como dibujante, no desde un punto de vista artístico sino porque soy el hijo. Aunque me hubiera dedicado a otra cosa, si hubiera sido carpintero, estaría orgulloso de las sillas que hago. Sé que le reconfortaba y le reconfortaría saber que sigo en ésto, sigo en la tradición de un estilo de humor que al menos tiene una pata en el humor tradicional. La otra la saqué y la metí en la cosa más moderna.

Clemente by Tute

En el jardín Caloi 

Humor con sello de autor

-Sos parte de una generación sub 40 de dibujantes que no es tan tradicional.

-Que nos hemos tomado el espacio de humor como algo más personal, menos limitado.

-¿Tiene un objetivo? ¿Lo hacen para que la gente piense o porque les sale de esa forma?

-Yo lo tomo como un espacio de libertad sin olvidar que soy un humorista gráfico, que debe intentar mover a la risa pero un espacio en el que me pueda dar licencias como autor, no soy muy amigo de la ida de: “en lugar de un chiste mirá que interesante esta reflexión”. Si sale así, se da, pero me interesa que la gente se ría, que la pase bien y que pueda disfrutar de otra cosa que es de mi interés, como es la poesía, el absurdo o algún experimento que se me ocurra.

Defiendo el humor de autor, no al servicio de una línea editorial en donde se ve al tipo que lo está haciendo. Como es el humor de Quino, de mi viejo. Intento cultivar eso, que tenga que ver con mis intereses, es más personal como producto y más interesante para mí. Es un trabajo, un oficio, la posibilidad de exorcizar fantasmas, la posibilidad de contar mis dudas, mis alegrías, mis inquietudes, aunque sea sutilmente, lateralmente, metafóricamente, como me gusta hacerlo.

-La gente te termina conociendo también por eso.

-De alguna manera, aunque nadie me termina de conocer. Yo siempre digo que con las páginas dominicales se podría hacer una sutil autobiografía, no una ciento por ciento porque ciertamente no me sucede todo lo que le pasa a mis personajes. Uno trabaja con la observación, no sólo con lo que le pasa.

Lo que te puedo asegurar es que es genuino el interés, de las que hablo son las que me interesan. Incluso desde un punto de vista superficial, si tengo ganas de cagarme de la risa sobre una cosa delirante como un astronauta, hago un chiste sobre uno. Y otras veces, cosas que se me han hecho más carne, aunque después la resolución siempre sea más metafórica o lateral.

-Por ahí tan lateral que no se llega a captar y cada uno le da la interpretación que quiera.

-Eso es lo que me interesa, que cada uno se mire en ese espejo.

No conozco una generación nueva de dibujantes ¿Hay autores para recomendar?

-Humoristas gráficos hay muy pocos. Pocos en la gatera, pocos trabajando. Que defiendan los principios de autor, no el humor sobre políticos de turno. No se ve quién está detrás de ese personajito, qué piensa. Ves las tiras de Rep y podes adivinar su intención política, su ideología. Lo mismo con Quino, con mi viejo. Y veo pocos jóvenes, no sé si es que me llega poco a mí. Pero siempre parece que no, que todo es peor que antes, y aparece algo nuevo o seminuevo, o reciclado y puesto en escena.

Me gustan mucho los cuadritos de Diego Parés, lo que hace en La Nación, es muy gracioso. Te voy a hablar de mi generación, de mis amigos. Tengo ganas de ver de nuevo las páginas de Max Aguirre, aquellas de los Resortes Simbólicos, páginas poéticas y lindas o los dibujos polaroid, que hacía. Iba a un lugar y después dibujaba esa escena y los personajes con haberlos visto unos minutos.

Me gusta lo que está haciendo Jorge González, que sacó un libro en Orsai y dirige la colección, del Proyecto Embudo. Fueye me pareció maravillosa.

Cajitas

La niñez de Batu y el reflejo de la luna

-Me interesa hablar sobre la infancia del dibujante. Sé que creciste en José Marmol. ¿Qué aportó eso para hacer a Batu?

-Muchísimo, Batu tiene mucho de mi infancia. Es una infancia pre-computadora, así que es con juegos, la vereda, el parque, que le echaba mano a la imaginación. Con dos o tres maderas, una silla acostada, era una nave espacial con la que uno se pasaba la tarde entera.

-Ahora son otros juegos, los chicos se enganchan igual con las tiras, pero por ahí juegan a la play.

-Por eso lo puse a Boris, para que  tuviera un poco más de actualidad la tira con respecto a los juegos de los chicos de hoy, de Capital Federal, de departamento. Porque Batu no sólo tiene los juegos de mi infancia, sino los que se podían hacer en un barrio suburbano, más verde, menos autos. Boris viene a equilibrar la balanza, con su celular, su conexión.

-Me llama la atención en tus trabajos como una cuestión medio tanguera.

-Puede ser, el tango es algo que me gusta mucho, evidentemente hay algo de la melancolía o la nostalgia que me atrae. No me considero un tipo que vive evocando el pasado como el mejor lugar y tiempo, no me pasa. En general siempre pienso que el mejor momento es el actual, pero evidentemente me atrae la potencia poética que tiene y lo uso como una herramienta. Sí, me gusta la evocación, una manera maravillosa de la poesía. Es una reconstrucción y una metáfora en sí misma.

-Escuchaba Luna de Abril y veo que siempre dibujas lunas. ¿Qué relación tienen con vos?

-Me encantan las lunas, tan sencillo como eso, siempre fui amante de la noche. Me gusta dibujarlas, deformarlas, ampliarlas, darles una presencia importante.

-La sensación de soledad o reflexión del hombrecito frente a la luna enorme.

-Parecen menos cosa todavía el hombre frente a esa luna acostada.

Luna

Dibujos en terapia

-¿Y los bocetos? ¿Qué hay en eso de los procesos incompletos?

-Bueno eso es una cosa que terminó de perfilarme en mi estilo. Hubo un momento importante que fue cuando decidí empezar a publicar los bocetos, colorearlos y publicarlos. Me encantó porque me pasó que todo lo que quedaba en mi mesa me gustaba más que los originales.

Lo que yo mandaba a la revista, la idea pasada de lápiz a tinta, con hoja de mejor calidad,  pintada a mano o escaneada, me gustaba menos que lo que quedaba en mi mesa, un papelito “cualunque”, arrugado en mi mesa de trabajo. Entonces un día invertí el orden, escaneé el boceto, lo pinté y lo mandé, lo aceptaron y al domingo siguiente hice lo mismo, incluso con tachaduras. Me pareció que de esa manera conseguía una cosa que tenía que ver con la espontaneidad y con algo que se pierde indefectiblemente en el traspaso del boceto al original, lo gestual. Un personaje por más nimio que sea tiene un algo, un gesto, una potencia, que después se diluye en el original, porque ya estás cuidando que se parezca, que se entienda, y de alguna manera con el boceto, estás trabajando de manera inconsciente, es una búsqueda de las ideas. A veces no llego a ningún lado, a veces parece que estoy yendo a un lado y voy a otro.

-¿Y pintas cuadros?

-¿En bastidores? No, nunca. Me encanta la idea, en algún momento lo voy a hacer, alguna vez hice una cosita pero nada serio, ni nada sostenido en el tiempo. Lo dejo para la vejez.

-¿Siempre es placentero dibujar o alguna vez sufrís con las entregas?

-En general es placentero, pero hay veces que estoy muy apurado por distintas cosas o no sale el dibujo y tenés poco tiempo no sale la iglesia que tenés que dibujar, la búsqueda del dibujo con poco tiempo es angustiante. Pero en general es placentero.

-¿Qué me podés contar de Tuterapia? Sé que hiciste muchos años de terapia.

-Sí, es un libro que me gusta mucho y me gustó hacer. Tuvo un momento en el que creció, creció en volumen, en cantidad de páginas y creció como libro.  Al principio iba a ser un libro relacionado con el trabajo en el consultorio y la verdad es que me aburrió armarlo a mí, me imaginé el aburrimiento de la gente al leerlo y cambié de opinión. Decidí incorporarle las páginas de las cosas que uno lleva a la terapia, en general tiene que ver con las relaciones familiares, amorosas, amigos.

-¿Hiciste estudio de campo con tus amigos?

-Yo sé lo que llevaba a terapia. Y también las preguntas, las páginas con los personajes preguntándose, sintiendo el peso del paso del tiempo. Fui mechándole a estas páginas lo relacionado con el consultorio, con las vivencias.

-¿Te diste de alta?

-Sí, me auto di de alta. Empecé a ir a los 18 por curiosidad, fui durante muchos años a la misma psicoanalista y lo tomaba como un espacio de reflexión, para resolver temas importantes y a veces para ir y pensar.

-Y te diste cuenta de que podía servir como un libro también.

-En realidad fue al revés. Como te dije, todo lo que me interesa termina siendo dibujado. Entonces era natural que aparecieran muchas páginas relacionadas con el psicoanálisis, en un momento me di cuenta de que tenía un montón de páginas sobre el psicoanálisis y dibujos sobre el amor y las relaciones de pareja. Si me gustase especialmente, no sé…

-La danza.

-Entonces tendría un montón de chistes sobre danza y sacaría un libro sobre ese tema.

Siempre laburé

El amor es un perro verde y más proyectos

El Amor es un perro verde pasa por todas las instancias del amor. Publicada por Editorial Orsai, como parte del Proyecto Embudo, es una selección de cien páginas relacionada con un tema que nos involucra a todos. Las situaciones cotidianas, los deseos, las ilusiones y los desencuentros, provocan una identificación inmediata. ¿Quién no perdió la cabeza alguna vez por amor?

-¿Por qué tratar ese tema? ¿Existe el perro verde?

-Siempre me acordaba de una frase popular que dice “raro como perro verde” entonces viene a contar un poco eso, que el amor es algo extraño, y extraño se lee de varias maneras: raro, infrecuente, milagro esquivo como puse en alguna página.

Hace muchos años hice una página que era un tipo que desde el primer cuadro buscaba el amor, había comprado flores, se puso un piloto para disimular, desandó su camino y fue preguntando si habían visto al amor de su vida, y todos le daban distintas indicaciones y no lo encontraba, hasta que un tipo le dice: “siga a ese perro verde”. Entonces lo sigue, el perro se da vuelta y le dice:

-¿Usted me está siguiendo?

-Sí, no quiero incomodarlo.

Al final del cuento el perro le dice, “mire, si lo que usted está buscando es al amor de su vida persiguiéndome, le tengo que decir que está perdiendo el tiempo”. Esa página debe tener quince años, fue la primera aparición del perro verde, así que la redibujé, la hice doble y la puse en el centro.

-¿Es esperanzador el mensaje?

-Al principio cuando lo pensé, fue como que es raro en tanto como que es extraño, difícil de explicar, no como que no existe como el perro verde. Es tan complejo que es muy difícil.

Fijate que no hay frases que lo expliquen, ninguna da con todo el universo. El perro verde era una linda metáfora, poética y humorística.

Perro verde

-¿Cuáles son tus proyectos?

Lo que estoy haciendo son canciones. Ahora en colaboración con músicos, con Jaime Torres, la música me pasó él, una con Antonio Tarrago Ros, otras con Hernán Lucero. Y muchas otras mías, música y letra. Soy una suerte de cantautor que no canta.

-¿Cantás mal o te da vergüenza?

-Canto mal y me da vergüenza, todo. Por eso, si no fuera dibujante y hubiera tenido cierto talento para el canto, hubiera sido cantautor. Mi última definición que me gusta es esa, que soy un cantautor que no canta. Y eso es lo que voy a hacer en el disco, jugar en ese universo que es un poco ajeno que es la música y divertirme.  Y de paso llamo a gente que admiro muchísimo para que interprete las canciones.

Estoy haciendo a Batu para la tele, unos micros para Paka Paka que empiezan en julio, son trece capítulos. Todos los personajes, con voces de niños.

Tengo ganas de hacer una historieta larga, después veo que terminación le doy. Un ejercicio como el de las páginas dominicales. En lugar de hacerlo en una página autoconclusiva, que sea una historia larguísima, delirante que se me vaya dando todos los días sin un arco argumental. Una sola idea inicial muy sencilla, un tipito que sale de su casa y uno que vuelve y en el medio lo que salga. Uno que se propone robar un banco, el argumento que sea lo menos importante, que sea absurdo.

Libros

Antes de la despedida y la foto, cuenta algunos de los preparativos para la fiesta de los veinte años. Está componiendo canciones para grabar un CD, y el día del evento, invitar a  gente que admira para que las canten en vivo. También la idea de un libro le ronda la cabeza, “un librote” que contendría algunas de sus mejores tiras.

Va a ser difícil el proceso de selección. No va a haber libro que alcance para resumir tantos años de  talento, poesía y humor.

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